• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

Al instante

¿Prevalecerá la insensatez?

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Me resisto a creer que entre tanta gente que forma parte del gobierno no haya algún venezolano, lo mínimamente sensato, que se dé cuenta de que una política que va a contravía de la sensatez terminará por arruinar a todo un pueblo que era orgullo y ejemplo para los demás países latinoamericanos. ¿No habrá, entonces, en este gobierno alguien que plantee la urgente e insoslayable necesidad de darle una vuelta de timón a este barco que cada vez se parece más al Titanic en su rumbo directo al iceberg de la miseria?

También me resisto a creer que existan venezolanos del lado nuestro, del que nos oponemos a este régimen, que crea necesario heredar un erial; gente que esté esperando ver a soldados de la ONU repartiéndole sopa a los caraqueños en la avenida Bolívar, para recibir como legado un cementerio imposible de recuperar, ni con el Ejército en la calle matando compatriotas que, abrumados con el hambre, salgan a manifestar violentamente.  

Digámoslo por la calle del medio: este gobierno con esta política económica desacertada, sin que rectifique, con los mismos ministros; con la escasez que pulula en todos los anaqueles de comida, medicinas y repuestos; con una inflación que según el Cendes subió entre mayo y junio en 26% para ubicarse en 54.204 bolívares, es decir, un aumento histórico de 11.200 bolívares ¡en un solo mes!, no llega al final de este período constitucional sin que un estallido social sacuda los cimientos del régimen y se lleve por delante, además, a la oposición democrática. Sobre todo si prevalecen algunos oficialistas, como esos a los que se les ocurrió la “sensatísima” idea de desviar los alimentos de 113.000 establecimientos privados a 7.000 públicos. Algún sensato, señal que algunos quedan, derogó esa decisión en buena hora.

Nadie sensato puede estar apostando al caos; pero si ocurre, alguien debe dejarlo escrito para salvar, aunque sea la honrilla histórica, aunque triste, del “yo lo dije”. Un poco como el famoso editorial de Zeta del 13 de julio de 2011, que se ha hecho famoso, cuando tituló: “El colapso económico ocurrirá hacia 2015”. Exactamente lo que nos está ocurriendo ahora y no se necesita ser astrólogo para acertar cuando uno ve, siente y padece las consecuencias de una política que intuíamos iba a naufragar, habida cuenta de que quienes sabemos leer y escribir conocíamos que ese modelo había fracasado en todas partes del mundo donde se aplicó y Venezuela no podía ser la excepción.

Este gobierno va a naufragar antes de terminar su período y eso lo saben los capitostes del régimen. Entonces, ¿a qué juega el sector oficialista que uno supone con más sensatez? ¿Será a la misma idea peregrina de los insensatos de la oposición que están esperando para tomar el poder y recibir como herencia repudiable un país muerto de hambre, con las empresas cerradas, sin divisas para importar después de habernos comido las reservas internacionales y engullido las acreencias que ahora liquidan por la mitad –como acaban de hacer con Jamaica– para correr una arruga de una cobija que ya no arropa ni las pantorrillas?

Esto es un desastre y si no hay un diálogo urgente y sincero entre los sensatos –que deben quedar en el gobierno y en la oposición–, sin cámaras de televisión, sin oír a los radicales chantajistas inocuos de ambos lados del espectro político, esto se lo lleva el diablo. Se plantea entonces la necesidad de comenzar ese diálogo, pero que no sea entre sordos y demagogos sino entre verdaderos hombres de Estado. Se necesita que gobernantes y opositores se empinen por encima de mezquindades y pequeñeces para salvar a Venezuela cambiando de rumbo. Si prevalece la sensatez.    

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB