• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

Al instante

Obama: la cita con Raúl es aquí

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Lo único que tiene de trascendente, para los cubanos, la visita del presidente norteamericano a la isla de Martí es que se trata de la primera que efectúa, después de 88 años, un presidente gringo desde que lo hiciera Calvin Coolidge en el año 28 bajo la presidencia del dictador Gerardo Machado. Este tirano fue el mismo al que una universidad, maniatada por él, le confirió un doctorado honoris causa a pesar de su manifiesta incultura. Su ignorancia era tan reconocida que el famoso intelectual comunista Rubén Martínez Villena lo “rebautizó” como “asno con garras”. Digo que es lo único trascendente de la visita, porque los temas que van a tratar Obama y Raúl, poco tienen que ver con Cuba y mucho con Venezuela. Por eso, digo, que ese encuentro debería celebrarse aquí. 

Ese acercamiento no va a resolver el tema que realmente preocupa a Cuba, que es el estúpido bloqueo que mantiene Estados Unidos contra la isla desde hace casi 60 años, si tomamos en cuenta las restricciones que iniciaron los norteamericanos, desde el 1° de enero de 1958, con el triunfo de la revolución. Bloqueo tan irracional como ineficaz, tal como lo reconoce el presidente Obama al suspender, cada 6 meses, la vigencia de la famosa Ley Helms-Burton, como consecuencia de aquella decisión de la Asamblea General de la ONU en contra de la misma, desde octubre del año 2008.

El bloqueo solo puede revocarlo el Congreso norteamericano, por lo que el presidente nada puede hacer, por ahora, en la visita ni en lo que resta de este año electoral, por ser un tema hipersensible en la política interna de la nación del norte. Entonces, ¿qué interés puede tener un presidente, de la primera potencia del mundo, en hablar con los Castro, creen ustedes que van a discutir sobre la menguada zafra azucarera o de los reducidos tablones de tabaco que quedan en Cuba? ¡No, van a hablar de petróleo! Entonces, se los decía, de lo que van hablar es de Venezuela.

En Caracas la reunión sería mucho más eficiente, porque Obama podría reunirse con la MUD y el PSUV, mientras Raúl va a Miraflores y se trae, agarrado por el cogote, a Maduro para pedirle la renuncia y a este sí es verdad que el muchacho cucuteño le hace caso, porque hace años él y su padre intergaláctico decidieron atar su futuro y el de Venezuela a las decisiones de los hermanitos que gobiernan Cuba desde mediados del siglo pasado.

El tema es demasiado serio, aunque parezca de vodevil por la vergonzosa subordinación de la cúpula chavista al gobierno cubano. Y es demasiado serio, porque es increíble que un país con los recursos y la historia que tiene Venezuela esté supeditado a lo que decida, en su juego geopolítico regional, quien debería ser el supedáneo de nuestras decisiones.

Como la realidad de los hechos supera con creces nuestros deseos y aspiraciones, entonces, dejémonos de orgullos nacionalistas demodés y pidámosle a míster Obama que se venga, con su nuevo mejor amigo cubano, a discutir los problemas de los venezolanos en Venezuela, para no sentirnos tan redomadamente humillados viendo cómo ellos discuten nuestras angustias y carencias bebiendo mojito frente al malecón de La Habana. Mojito que, por cierto, se paga con dinero… que le roba a Venezuela… rumbalarumbalarumbala... ¿Remember Ay Carmela, camaradas?