• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Estado Moloch traga Parusía siglo XXI

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“Karl Marx dijo una frase, por una vez clara y tajante, que negó para siempre a sus discípulos triunfantes la grandeza y la humanidad que él sí poseía: ‘Un objetivo que requiere medios injustos no es un objetivo justo”. Albert Camus

 

En estos días decembrinos, entre el activismo partidista y el “dolce far niente” de la temporada, aproveché para releer El hombre rebelde de Albert Camus que leí por vez primera apenas ingresaba a la universidad en la época turbulenta del Mayo Francés. Esta nueva lectura me ha hecho rememorar que Camus fue uno de nuestros ídolos, por el carácter libertario de su pensamiento. Al reencontrarlo, en su famoso relato, con la mención del “Estado Moloch” nos hizo recordar cómo la mitología griega parecía vislumbrar al futuro Estado comunista; más adelante, con la “Parusía del comunismo”, nos hace un parangón entre ese Estado totalitario y los dogmas religiosos, pues ambos prometen todo, pero siempre…“más allá”.

En la mitología antigua, el monstruo Moloch es la figura humana con cabeza de carnero o becerro con enormes cuernos y que sus adoradores, para lograr que la deidad cumpliera sus deseos y pedimentos, sacrificaban seres humanos, especialmente niños, para obtener su gracia. Al trasplantar ese monstruo al siglo XX, en el vetusto pero siempre actual film Metrópolis, de Fritz Lang, Moloch era un monstruo capaz de devorar a los trabajadores encargados de las máquinas de producción.

Por su parte, la Parusía para los cristianos es el acontecimiento esperado al final de la historia de la Segunda Venida de Cristo a la Tierra cuando se manifieste gloriosamente. Pues bien, Camus afirma que “el movimiento revolucionario a fines del siglo XIX y a comienzos del XX vivió, como los primeros cristianos, en la espera del fin del mundo y de la parusía del Cristo proletario”.

El recuerdo del mito pagano y de la parusía cristiana viene a cuento porque el gobierno de Maduro es una especie de Estado Moloch, un monstruo que devora a los trabajadores venezolanos porque su “parusía”,  el socialismo del siglo XXI, se aleja cada día que pasa de la realidad y se convierte en frustración al ir acabando paulatina, pero sistemáticamente, con el sector privado, los trabajadores se han dado cuenta cuál es la causa de su situación desesperada.

Camus recuerda que “el Estado Moloch que se fomentó en la URSS como desiderátum para impulsar el comunismo, también está presente en el capitalismo y ello contradice a Marx y sus postulados, porque las condiciones mismas de la producción industrial, que cada marxista debía alentar, aumentaron de modo considerable la clase media y crearon una nueva clase social: la de los técnicos, surgiendo pequeños y medianos empresarios que jamás alentarían la lucha de clases”.

Camus, quien murió 30 años antes del derrumbe de la URSS, a los 47 años de edad (tres años antes había obtenido el Nobel), nos decía premonitoriamente: “a medida que se alejaba la parusía comunista, la afirmación del reino final debilitada en razón, se convirtió en artículo de fe. El único valor del mundo marxista reside en lo sucesivo, pese a Marx, en un dogma impuesto a todo un imperio ideológico”.  

Todo ese razonamiento de este visionario se confirma cuando inopinadamente unos estrafalarios dogmáticos y atrasados trasladan, mecánicamente, ese sistema a Venezuela y “la parusía” se hace realidad, pero sólo para una mafia importadora que se convierte en una superestructura por encima del gobierno (como un Moloch redivivo) por su único interés de acaparar y tragar  dólares, mientras el gobierno abandona a su suerte a los trabajadores, de las industrias colapsadas, gracias a su torpeza.

Debemos concluir, en consecuencia, que este régimen está condenado a desaparecer porque, en un giro dialéctico previsible, van a ser los trabajadores quienes sacrifiquen a este gobierno al enviárselo al “Moloch benéfico” que son los electores, quienes en los próximos comicios acabarán con la demagógica “parusía” del socialismo del siglo XXI, para comenzar la ardua pero irrenunciable tarea de reconstruir a Venezuela.

PS: A todos nuestros lectores les deseo un Año Nuevo exitoso, pues aún en medio de tantas dificultades debemos recordar que vivimos en un gran país y debemos rescatarlo comenzando con el triunfo parlamentario que se avizora. El pesimismo no es una opción. We will come back.