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Antonio Ecarri Bolívar

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Antonio Ecarri Bolívar

Maduro: ¿dos, tres, muchos Vietnam?

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Cuando Ernesto Che Guevara dio a conocer su famoso opúsculo, Mensaje a la Tricontinental, publicado el 16 de abril de 1967 en un suplemento especial de la revista del mismo nombre, ya estaba –clandestinamente, por supuesto– en Bolivia organizando la guerrilla en ese país donde encontró la muerte abandonado por sus camaradas de todo el orbe.

Era la época cuando ya los comunistas venezolanos, en el VIII Pleno de su Comité Central, habían abandonado la lucha armada –solo los “fraccio” de Douglas y el ala “ultrosa” del MIR insistían en su torpísima política de lucha armada contra los gobiernos democráticos –y el Che decía, en ese mismo documento, esta perla: “(…) La movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela”.

Más adelante lanza al mundo, con más ilusión que certeza, la frase que se hizo famosa: “¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para este de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!”.

La pregunta que le formulamos, presidente Maduro, es la siguiente: ¿Usted cree retrocedió la historia casi 50 años, llegamos otra vez a 1967 y hay que insistir en la confrontación de odio “con su cuota de muertes y sus tragedias inmensas” y crear dos, tres, muchos Vietnam para cercar y derrotar al “imperialismo y sus títeres”?; o más bien, por el contrario, ¿no será necesario crear dos, tres, muchos Vietnam como el actual?

Porque este Vietnam de ahora, presidente, después de derrotar al gigante norteamericano mantuvo por un tiempo la torpe política económica comunista de planificación central que los agobiaba, pero luego los camaradas seguidores de Ho Chi Minh se dejaron de memeces, se sacudieron el dogma comunista y, hete aquí cómo Vietnam es hoy día, bajo la férula de una economía de mercado, uno de los países más desarrollados de Asia.

Vietnam es un ejemplo irrebatible del éxito de una descentralización económica, con sentido social, que abjuró por antihistóricas de las viejas recetas de la economía marxista. Por cierto, todo eso lo han logrado los vietnamitas ayudaditos por tus camaradas chinos, Maduro, quienes antes que aquellos abandonaron esas tesis marxistas por obsoletas. Claro que mantienen, por ahora, la oprobiosa dictadura política, pero eso tampoco prevalecerá en el globalizador siglo XXI. 

Sus 90 millones de habitantes exigen ahora liberación política, para sustituir el viejo aparato opresivo de partido único, sustituyéndolo por un sistema democrático y de pluralidad política que les permita avanzar, hacia estadios de desarrollo más elevados, a una velocidad aún mucho mayor.

Usted dirá Maduro, si entonces hay que crear dos, tres, muchos Vietnam para la guerra o darle vuelta al “switch” de la dialéctica, siguiendo el recientísimo ejemplo de los hermanitos Castro, para comenzar a transitar la vía de la economía de mercado, cuyo camino irreversible ya comenzaron los vietnamitas, desde Hanoi hasta Saigón y, sin dudas, también llegará a La Habana más temprano que tarde.

Reconsideremos la vieja consigna y digamos en este siglo XXI: ¡Ho, Ho, Ho Chi Minh lucharemos hasta el fin…en democracia y libertad! Óyeme tú Maduro, entiende mi sangre y pregúntale a Raúl… ¡es que no hay alternativa!