• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Antonio Ecarri Bolívar

Maduro: ¿Pa’ qué lado cayó el muro?

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Cuando uno oye a los más conspicuos capitostes del régimen venezolano defender la planificación central y arremeter contra la economía de mercado, dizque para conducirnos a la sociedad comunista, nos ratifica y atornilla en nuestro criterio, según el cual esa teoría, en boca de estos señores, no es más que una añagaza, un engaño para atrapar incautos.

Cuando uno ve al mundo entero celebrar los 25 años del derrumbe del oprobioso Muro de Berlín, provoca preguntarles a estos individuos si la noticia que dio la vuelta al mundo el 9 de noviembre de 1989, ¿era informándonos que los habitantes del “oprobioso Berlín occidental” se dieron cuenta del horror capitalista y derrumbaron el muro para irse al “paraíso comunista”?

Haciendo un poco de historia y continuando con el método de preguntas a los líderes de este “proceso”, los interrogamos: ¿sería que Mijaíl Gorbachov, persuadido de las bondades del sistema comunista, quiso mantener ese statu quo o sería más bien que, convencido de que no podía continuar una situación que había pasado del estancamiento al declive (cualquier parecido con nuestra realidad no es ninguna coincidencia), se dejó de bobadas y se montó en el carro de la historia, para con un ambicioso programa de reformas (Perstroika) abandonar aquel obsoleto sistema de desestímulo a la iniciativa privada y conculcador de libertades individuales?

Gorbachov abandonó la planificación central y enrumbó a la URSS hacia la sociedad de mercado, lo que fue profundizado por sus sucesores. Además, instauró la Glasnost (transparencia) abandonando la represión del pensamiento y dando inicio a la libertad de expresión.

Ese ejemplo fue continuado por casi todos los regímenes comunistas del orbe, con las únicas excepciones de los atrasadísimos gobiernos de Cuba, Corea del Norte y Bielorrusia, pues hasta China y Vietnam mandaron a la porra a ese comunismo conculcador de libertades, porque un régimen que solamente otorga privilegios a una casta gobernante, con la promesa futura e incierta de la utopía de la sociedad sin clases, fue un fiasco histórico, un engaño monumental que todos los pueblos entendieron, menos los de la excepción dolorosamente ya referida. 

El precedente “Gorbachov” fue inmediatamente imitado por las demás “democracias populares” al este de Europa y así, en movimientos de masas ascendentes, comenzó en 1988 la revuelta polaca que dio inicio al fin de todas las dictaduras estalinistas y pro soviéticas de Europa del este. El símbolo del fin del bloque soviético lo protagonizó, el año siguiente e imitando a los polacos, el valeroso pueblo berlinés que en masa derrumbó el oprobioso muro.

Dos años después, el frustrado golpe de Estado protagonizado por la vieja casta burocrática del Partido Comunista soviético (PCUS) contra Gorbachov produjo su ilegalización y la salida a la palestra pública de Boris Yeltzin, quien terminó lo que había comenzando aquel y sepultó definitivamente el comunismo soviético; se inició así la nueva era que no quiere entender el madurismo en el poder o, al menos, se hacen los locos.

Así como el 9 de noviembre se conmemora el derrumbe del Muro de Berlín, el 25 de diciembre también debería ser fecha de celebración por los demócratas del mundo, pues en esa fecha de 1991 Gorbachov dimitió como presidente de la URSS, la bandera roja fue arriada en el Kremlin y se acabó el experimento histórico que dejó millones de muertos en toda la faz de la tierra y se dio inicio a una nueva era de democracia y libertad.

Democracia que, sin dudas, tiene defectos, pero al decir de Churchill: “De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”. Maduro: una última pregunta, ¿estás probando otra?