• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Igualemos a todos… ¡menos a nosotros!

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Las reiteradas afirmaciones de algunos capitostes del régimen chavista, según las cuales no se debe sacar de la pobreza a las grandes mayorías, porque se “pasan” a la contrarrevolución, provocarían risa si no fuera por la relevancia política de quienes han formulado ese despropósito. Desde el inefable “monje” Giordani hasta el ministro de Educación actual han dicho cosas parecidas. Por estar tan encumbrados en la “nomenklatura” oficial dichos personajes, vale la pena escudriñar un poco en esa distopía. El desiderátum que proponen los jerarcas del régimen es igualar hacia abajo a todos los venezolanos, con excepción, ¡obviamente!, de quienes son los grandes beneficiarios de la chequera petrolera, es decir, los mismos que proponen mantener en la miseria a la mayoría para seguir dominándolos. 

Desde los primeros pensadores del marxismo se ha criticado las desviaciones “igualitarias” dentro del pensamiento revolucionario. El mismísimo Mao, cuando presumía de teórico marxista, se confrontaba con los soviéticos y quería diferenciarse de los planteamientos “pequeñoburgueses” de algunos de los que osaban contradecirlo en el interior del PCCH.

En efecto, “el gran timonel”, afirmaba tajante: “Es preciso señalar no solo que antes de la abolición del capitalismo, el igualitarismo absoluto es una simple ilusión de campesinos y pequeños propietarios, sino que, además, la igualdad absoluta no podrá existir incluso bajo el socialismo, ya que los bienes materiales serán distribuidos entonces conforme al principio: ‘De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo’. Pero el irrazonable igualitarismo absoluto debe ser combatido porque no responde a las necesidades de la lucha y, por el contrario, la entorpece. Este principio es propio del socialismo, que es el estado de transición al comunismo. En el comunismo el principio pasará a ser: ‘De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Allí sí serían iguales, pero siempre con la manía comunista de “patear el mingo” para alejarlo de la realidad y seguir creando la ilusión, la utopía… pero… bien lejos.

Solamente en los países que lograron el desarrollo, gracias a políticas socialdemócratas, se logró la igualdad de oportunidades porque, por ejemplo, los países escandinavos lograron crear una inmensa clase media con cada vez mayores estándares de calidad de vida. No otra cosa hicieron los gobiernos de Acción Democrática, en Venezuela, al llevar educación gratuita a los pobres para lograr su ascenso social a través de la educación y el trabajo. 

Eso no se logra en regímenes totalitarios, porque la igualdad de oportunidades se puede conseguir en ambientes económicos que propician la libre iniciativa, resguardan la propiedad privada y restringen el tamaño y las funciones del Estado. Las utopías colectivistas, desde el socialismo utópico de Louis Blanqui, hasta el comunismo soviético o cubano, han vendido esas ilusiones a las masas y han terminado en una tremenda frustración para los pobres, porque la igualdad es un simple enunciado que se estrella contra la realidad de un funcionariado corrupto y corruptor, que se hace rico mientras los demás están condenados a ser pobres porque “ser rico es malo”.

Si alguien duda de esta realidad, aquí esbozada, puede preguntarle a la gente de “Marea Socialista” si ven mucha “igualdad”, entre, por una parte: los jerarcas del régimen, la mafia importadora, los “bolichicos” y, por la otra parte, al pueblo llano chavista que hace interminables colas en los supermercados en labores de “bachaqueo” para el rebusque.

¿Son tan iguales los unos como los otros? La consigna “justa” sería, entonces: ¡Camaradas: igualemos a todos hacia abajo!, menos a nosotros que… pa’ eso… ¡estamos mandando!  

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB