• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Hugo Chávez le dio la razón a Henry Ramos

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El culto a la personalidad de Chávez, por parte del PSUV, es una desviación ideológica desechada por toda la izquierda mundial, excepción hecha de los regímenes jurásicos de los herederos de Kim Il-sun en Corea del Norte, de Lukashenko en Bielorrusia y de los hermanos Castro en Cuba. Aunque lo peor es que muchos de los que hoy dirigen el PSUV (ex militantes del MAS) rompieron con los soviéticos en los años setenta, entre otras diferencias, por argüir que los del PCUS y aquí los del PCV fomentaban aquella desviación.

Ese culto a la personalidad se puso en boga, primeramente, en la URSS con las figuras de Marx y Lenin –después de muertos y contra su voluntad expresada en miles de textos– como mascarón de proa de la aspiración de Stalin para aparecer como heredero universal de aquellos dos gigantes del pensamiento comunista. Después, el megalómano de Mao Tse-tung se afilió a esa tendencia desviacionista y luego se hizo moda en Albania con Enver Hoxa, en Yugoslavia con el mariscal Tito, en Camboya con el asesino Pol Pot, en Cuba con Fidel Castro; pero también, desde la derecha más atrasada se dio con Hitler, Mussolini y Franco en actitud similar, donde las inmensas fotografías y estatuas recordaban al jefe máximo.

Quien popularizó la expresión “culto a la personalidad” fue Nikita Jruschov cuando se separa de la tradición mesiánica de adorar a Stalin y denuncia, en el XX Congreso del PCUS, en el año 1956, la elevación religiosa y casi sagrada de la detestable figura del omnímodo dictador, asesino de Trotsky.

Vayamos a las fuentes de la doctrina marxista para oír cómo se expresaban Marx y los filósofos soviéticos, exégetas del pensamiento del alemán, sobre esa deleznable desviación que significa el culto a la personalidad: “El marxismo examina el papel de la personalidad, del dirigente, en estrecho vínculo con el curso objetivo de la lucha de clases, con la actividad histórica de las masas del pueblo. Ni siquiera la experiencia del más genial de los dirigentes puede sustituir la experiencia colectiva de millones de personas”.

Hugo Chávez, quien sabía de esta condena mundial de los padres del marxismo al culto a la personalidad y pendiente de la condena histórica por culpa de sus adulantes, se adelantó a darle la razón a Henry Ramos y mediante el Decreto N° 7836, publicado en Gaceta Oficial N° 39556 del 18 de noviembre de 2010, estableció lo siguiente: “Se prohíbe el uso del nombre, imagen, figura de la persona del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, para la identificación, nombre, denominación, caracterización, tipificación, calificación y designación de la generalidad de las obras de infraestructura de cualquier naturaleza, construcciones, edificaciones, establecimientos, recintos, instituciones educativas y médico-asistenciales de cualquier nivel y tipo, vías de comunicación, lugares o sitios públicos y cualquier tipo de bienes inmuebles, ubicados en el territorio de la República Bolivariana de Venezuela, y cuya propiedad, administración, gestión, dirección, tutela, control, construcción, elaboración y supervisión se encuentre asignada o de cualquier forma atribuida a los diversos órganos que integran la administración pública nacional”.

Así que Henry, conocedor del decreto, actuó en consecuencia. ¿Quién ultraja, entonces, la memoria de Chávez, el presidente de la Asamblea Nacional o quienes quieren vivir de la memoria del ex presidente, agraviando de paso la memoria de los padres del marxismo? Quienes así actúan son sicofantes del  prestigio de otros. Chávez le dio la razón a Henry… aunque fuese post mortem.

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB