• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

Al instante

Gracias a Miguel Henrique Otero

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En la presentación de mi libro Conciudadano Betancourt, una entrevista imaginaria expresé, en mi intervención, mi gratitud por el gesto de Miguel Henrique Otero al permitirnos realizar ese acto en la sede de El Nacional.

Le pedimos a Miguel Henrique que nos permitiera presentar ese libro allí para que sirviera de testimonio de la solidaridad de los demócratas venezolanos con el periódico de Venezuela, el diario El Nacional, en momentos cuando sus directivos son sometidos a persecución y sus páginas son objeto del grosero y deleznable chantaje de un gobierno que le niega papel a la información y a la cultura. Es natural que así ocurra, porque este régimen ha pretendido, desde hace ya dieciséis largos años, instaurar en nuestro país una tiranía a través de una  hegemonía comunicacional que únicamente ha sido posible en este continente en la sufrida isla de Cuba, donde un solo periódico, una sola radio y un único canal de televisión matan de aburrimiento totalitario a todo un pueblo.

¿Se atreverán estos pigmeos del pensamiento que nos desgobiernan a acabar con una obra magna, como este periódico? La verdad es que como dije en un artículo que escribí el mes pasado en este diario: “No tengo una bola de cristal para saber cuánto tiempo se puede mantener un gobierno que va en caída libre, más por sus propias ejecutorias que por la oposición que le hacemos los sectores democráticos. Sin embargo, al ver que Maduro pretende huir hacia delante acosando a la prensa libre con el manido recurso del chantaje de no entregarles papel: el que controla desde la monopólica empresa que en mala hora le pusieron el nombre de un demócrata como Alfredo Maneiro, nos damos cuenta de que el fin está cerca”.

Cuando hablamos de El Nacional nos referimos a una institución que forma parte del patrimonio de todos los que vivimos en esta nación. Por eso rememoramos frecuentemente a Miguel Henrique Otero Vizcarrondo, Miguel Otero Silva, Antonio Arráiz, Arturo Uslar Pietri, Ramón J. Velásquez, Ramón José Medina, Alberto Quirós Corradi, Simón Alberto Consalvi, al inolvidable Oscar Guaramato, y ahora a Miguel Henrique y a Elías Pino Iturrieta, quienes asumen la titánica tarea de mantener el periódico funcionando ante la arremetida oficial, porque nada ni nadie va a acabar con la cultura. Ejemplos históricos sobran, para saber cómo terminarán estos personajes que, como dijera Unamuno: podrán vencer pero no convencer, porque no tienen la razón. Y hablando de Unamuno, cada día que pasa estos gobernantes, que dicen ser de izquierda, se nos asemejan más al grito de Millán Astray: ¡Muera la cultura, viva la muerte!

Qué dolor y vergüenza nos hacen pasar ante el mundo quienes persiguen hoy con saña a Miguel Henrique Otero Castillo, el hijo de esos dos gigantes de la cultura venezolana que fueron Miguel Otero Silva y María Teresa Castillo, el nieto de Miguel Henrique Otero Vizcarrondo, el sobrino de Oscar Guaramato y qué orgullo sentimos los amigos eternos de toda esta familia de verdaderos patriotas de la civilidad venezolana. Ojalá y no se haga vigente aquel dolorosísimo párrafo en la poesía de Andrés Eloy Blanco que recordaba a la Venezuela que creíamos superada, aquella: “La del signo del éxodo, la madre de Bolívar y de Sucre y de Bello y de Urdaneta y de Gual y de Vargas y del millón de grandes, más poblada en la gloria que en la Tierra, la que algo tiene y nadie sabe dónde, si en la leche, en la sangre o en la placenta, que el hijo vil se le eterniza adentro y el hijo grande se le muere afuera”. Que no repiquen de nuevo y nunca más estas frases en los oídos de una madre venezolana y… ¡Que viva El Nacional!