• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Antonio Ecarri Bolívar

Fariseísmo con primarias

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“No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino”.

Johann Wolfgang von Goethe

 

Hay gente que dice ser opositora al régimen y no da cuartel a la MUD, aunque participe de la alianza, más por oportunismo ambicioso que por convicción principista. Lo digo porque, tan pronto se logra alcanzar un acuerdo, en seguida salen, esas aves agoreras, a ponerle algún “pero” a lo concertado. El tema del sistema adoptado para la escogencia de los candidatos a las elecciones parlamentarias no podía ser una excepción a esta regla, que más bien parece una maldición gitana.

La MUD resolvió el diferendo que existía mediante una fórmula inobjetable: fueron aprobados los dos mecanismos, es decir, si no se llega a consenso en determinado circuito electoral, entonces el tema se dilucida en elecciones de base. Surge entonces la pregunta de las ochenta y ocho mil lochas: ¿si los dos mecanismos están estatuidos en el reglamento de la MUD, de cumplimiento obligatorio y erga omnes, a cuento de qué necedad hay que hacer campaña por uno u otro sistema?

Los dos mecanismos son igualmente válidos y, obviamente, también tienen defectos como toda obra humana. Si hay consenso, no es porque alguna organización logra imponer sus puntos de vista, ni siquiera una suma de ellas. Consenso no significa mayoría simple, sino acuerdo lo más amplio posible. Unanimidad… ni en el cielo.

La elección primaria de por sí no es un mecanismo totalmente democrático, porque al no haber un supraorganismo que las pueda financiar, lo que sería además ilegal, tiene entonces que salir ese gasto de los bolsillos de los aspirantes. Eso otorga ventaja a los candidatos con recursos económicos en desmedro de liderazgos verdaderos, pero con ausencia de dinero. Por ejemplo, en los circuitos correspondientes a las parroquias populares de Caracas, ¿de dónde van a sacar, líderes políticos y sociales de Antímano, Caricuao, San Juan o el 23 de Enero, para financiar una campaña millonaria como esa?

La otra objeción, igualmente válida, es que quien resulte triunfador en esa contienda y después de haber gastado enormes recursos en la inscripción y en su campaña primaria, tiene luego que salir a gastar mucho más en la campaña final contra el candidato del oficialismo, quien no tendrá escrúpulos en utilizar todos los recursos del Estado en su beneficio y en contra del nuestro.

A uno también le asalta la duda de la intencionalidad de algunos, porque es sospechoso que se pretenda descalificar, precisamente, el método que nos permitió en las anteriores parlamentarias lograr alianza perfecta en todas las listas (24) y en todos los circuitos (67) cuando solo se hicieron primarias en 23 y no todas se ganaron, en las generales, por no ser este un método infalible. En esas parlamentarias, la alianza nos permitió obtener 53% de los votos frente a 47% del gobierno. Entonces ¿por qué descartar, apriorísticamente, ese método que nos permitió derrotar al oficialismo?

La otra excusa descalificatoria es aquella según la cual se perjudica a grupos minoritarios y a individualidades, cuando es exactamente lo contrario: en primarias, de aliarse los partidos más fuertes estos se lo llevan todo porque en ese sistema, de simple mayoría, el segundo no cobra por cerca que llegue del primero ya que no hay representación proporcional. Los partidos pequeños e individualidades no tienen chance de colocar a alguien sino por consenso, en primarias no tienen ninguna posibilidad.

En fin, tuvo razón una vez más el maestro Aveledo: “Tanto consenso como sea posible, tanta primaria como sea necesaria” y, en consecuencia, como decimos los abogados en las repreguntas de testigos, cuando descubrimos una contradicción o no hay más que discutir con el repreguntado: ¡Cesaron!... al menos eso esperamos.