• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

Al instante

Desesperanza: mala consejera

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Sobre el tema de la esperanza y la actitud contraria, se ha escrito mucho en la ciencia médica, especialmente en la psicología y la psiquiatría, pero en la actividad política cotidiana también se reflejan esas conductas, positivas o negativas, en todo un colectivo social y eso es aun, si cabe, más preocupante.

La situación política venezolana está trastocando todas las demás actividades del cuerpo social, debido a que a quienes les corresponde dirigir la acción de gobierno se han colocado de espaldas a la sociedad entera y esta, que al principio solo reclamaba un cambio de modelo político, al ser desoída, ahora exige es un cambio de gobierno. Dicho en lenguaje más directo y coloquial: hay un país entero exigiendo que la minoría que nos desgobierna se vaya ahora y para siempre. La situación del país es muy grave, estamos a punto de que ocurra cualquier hecho violento y el gobierno juega, peligrosamente, con esa posibilidad con la mayor irresponsabilidad, pero crea desesperanza en algunos impacientes que aún teniendo toda la razón de serlo, no conviene manifestarlo con ese pesimismo contagioso que causa inhibiciones indeseables.

En efecto, el gobierno cree que si sale del poder por un hecho violento, léase golpe de Estado o insurrección popular, podrá justificarse, más adelante, diciendo que ellos iban por el camino correcto y que estaban resolviendo la crisis, pero el atajo del golpe o la insurgencia popular los aventó del poder sin permitirles culminar su política “exitosa” que fue truncada.

Por eso es que sostenemos que la desesperanza, por angustia natural, de quienes buscamos un cambio pacífico, electoral y democrático es la peor consejera en este momento. El gobierno juega con esa desesperanza para alimentar la ilusión que haga pensar que es imposible salir de esta pesadilla que ellos dirigen.

Desde la AN se está haciendo todo lo que se puede hacer, pero no se puede exigir lo imposible: que es salir del régimen por la fuerza porque, por ahora, no la tenemos. Esta es una lucha de desgaste y quien lleva las de perder es un gobierno que cada día baja más en respaldo popular.

A los pesimistas hay que recordarles que esta sociedad tiene tan inoculada la democracia en sus venas, gracias a nuestros padres fundadores, que este régimen totalitario, en 17 años, no solo no ha podido acabar con la resistencia opositora sino que venimos de propinarle una contundente derrota el 6-D.

Las victorias que seguiremos obteniendo serán posibles si, solo si, mantenemos la unidad de los demócratas sin jugar a posiciones adelantadas ni protagonismos individuales desmedidos. Vamos a desalojarlos del poder, no tengo dudas, si nos mantenemos unidos y dejando de encontrarnos más defectos a nosotros mismos que al adversario ideológico y político.

Ah, y lo más importante: confiemos en una dirigencia opositora victoriosa el 6-D y que ahora quiere tomar el poder para recuperar a Venezuela y reconstruirla con un modelo diferente de inclusión, seguridad jurídica captador de inversión nacional y extranjera, con un nuevo modelo educativo que le dé prioridad a la excelencia, a las nuevas tecnologías y que permita “ir encendiendo luces para que nuestro pueblo no alcance nunca a medir el largo de la oscuridad” (Prieto dixit).

¡Optimismo! que la desesperanza está del lado de no más de trescientos depredadores que aún quedan enchufados. Falta mucho menos. ¡Vamos a seguir triunfando… con calma y cordura!