• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Aprendan a perder

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Desde que comencé a enseñar Derecho Público, en los lejanos años de la década de los ochenta hasta hoy día, he sostenido el criterio opuesto a la reelección de los cargos de elección popular. El tema de la reelección viene a cuento porque está íntimamente ligado al principio constitucional de alternancia democrática la que, obviamente, es la antítesis de la permanencia indefinida de los titulares en sus cargos electivos. La Constitución del 61 prohibía la reelección inmediata, por considerarla ajena al principio democrático del necesario tránsito del poder de unos a otros compatriotas de signo político distinto. Aunque tampoco fui partidario de la disposición, que permitía la reelección, pasados como fueran dos períodos constitucionales, pues muchos de los actuales lodos vinieron de aquellos vientos reeleccionistas de Pérez y Caldera. CAP llegó a reconocer ese error, Caldera nunca.

Lo que contradice, según nuestro criterio, la esencia del espíritu democrático es la pretensión de mantenerse indefinidamente en el poder con reelecciones ad infinitum, creando así caudillos y caudillitos, desde la presidencia de la República hasta el más insignificante cargo de elección popular. Es una inequidad que un presidente, gobernador o alcalde se mida con cualquier otro ciudadano de a pie, porque seguro usará y abusará de los recursos de su poder para volver a ocupar el cargo en disputa. Por ello se hace necesario, en la próxima Asamblea Nacional, replantear la tesis de la no reelección y así devolverles a los ciudadanos su soberanía mediatizada por la reforma, que impuesta por Chávez, permitió la reelección de tirios y troyanos en todo cargo de elección popular.   

Decimos todo esto sobre la reelección, como mecanismo perverso atentatorio contra la soberanía popular y el derecho a la alternancia democrática porque ese ruido absurdo, pero real, del discursito altisonante que carga Maduro con la “amenaza” de “coger la calle”,  anunciador del apocalipsis en el caso de que la voluntad popular le sea adversa en estas elecciones del 6-D, no es solo un problema psiquiátrico, aunque tenga su toque, sino la desesperación por saberse rechazado para una futura reelección en el cargo.

Maduro, Diosdado y la cada vez más pequeña corte que les rodea deberían saber, a estas alturas, que la derrota la tienen pintada en sus caras, porque el pueblo está decidido a cambiar; aunque ellos deberían entender que no se trata del fin del mundo y ni siquiera de la historia. Si lo sabremos los adecos, quienes no solamente fuimos aventados del poder por militares felones; sino que, además, perdimos elecciones estando en el gobierno y también siendo oposición, sin que ello constituyera el fin de la vida de nuestro partido, pues hete aquí que seguimos dando  la pelea por el cambio y el retorno al poder.

El chavismo está escindido en tres corrientes de opinión: una insensata, ignorante y corrupta, que por aferrarse al poder, como el rabo al perro y la sombra al cuerpo, quiere mantenerlo a sangre y fuego, aunque afortunadamente es una insignificante minoría. Hay otra corriente, de enchufados y burócratas menores, que le teme a la alternancia, pero no aúpan la violencia. La tercera está integrada por políticos que quieren ganar, pero saben que como “deseos no empreñan” se preparan para la transición en paz y en democracia con la aspiración nada irracional de retornar al poder, más adelante, si el próximo gobierno actúa con torpeza y ellos hacen una oposición seria y responsable.

Hay que saber perder para poder tener futuro político, de lo contrario volvería aquella vieja, pero nunca bien recordada insensatez que llevó a los comunistas a la violencia guerrillera y la que, durante años, los condenó a ser una insignificante minoría. Camaradas: de ustedes depende decidir cuál de las tres corrientes va a prevalecer.      

 

aecarrib@gmail.com

@EcarriB