• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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Andrés Eloy, un pequeño gigante venezolano

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Es pertinente que en este momento de exaltación extrema de los héroes militares, recordemos, a los 60 años de su inesperada muerte que cumplió este 21 de mayo, a un conspicuo representante de la civilidad, de la libertad y la democracia como Andrés Eloy Blanco, el poeta del pueblo venezolano. Andrés Eloy era de pequeña estatura, pero cuando escribía o se subía al pódium de los oradores se convertía en un verdadero gigante. He allí el por qué del oxímoron de “pequeño gigante”: físicamente minúsculo y enjuto, pero de un talento que lo encumbraba por encima del egoísmo y la mediocridad de cualquier tiempo venezolano.  

Hay una anécdota que recrea esa dicotomía entre el tamaño del poeta y su grandeza: en 1923, a los 27 años de edad, ganó el concurso literario internacional auspiciado por la Academia española: los famosos “juegos florales” de Santander en Cantabria, con su poema “Canto a España”. Andrés Eloy viajó a ese país para recibir el galardón. Cuando los españoles vieron a aquel hombrecito de tez aindiada y baja estatura, tan enjuto él, se les ocurrió plantearle a la hermana del poeta que lo acompañaba la ocurrencia de que fuese otra persona quien leyera el poema ante el rey Alfonso XIII, quien presenciaría el acto. Al instante, la hermana del poeta, quien era tan bella como inteligente, les dijo con mucha cortesía a los atrevidos, pero con claridad extrema, que ni se les ocurriera plantearle tamaña majadería al poeta y que más bien esperaran oírle en el acto. En efecto, fue Andrés Eloy quien leyó su bello poema y aquel hombrecito que casi no se veía en el presidium, una vez que se subió a la atalaya surgió el orador magnífico que habitaba en aquel minúsculo cuerpo y salió, como de la lámpara de Aladino, aquel gigante de la oratoria que hizo que hasta el mismísimo rey de España se pusiera de pie para aplaudirlo cuando concluyó su lectura.

Andrés Eloy permaneció un año en España y allí, entre otros honores y reconocimientos, fue designado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y se codeó con los poetas vanguardistas de la época. A su regreso a Venezuela, ya en 1928, no lo esperaba otro homenaje de la dictadura que la prisión. En efecto, el régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez lo encerró en el Castillo Libertador (siempre los dictadores utilizan al Libertador para reprimir) de Puerto Cabello, hasta el año de 1932 cuando fue liberado por estar muy enfermo. Allí escribió Barco de Piedra, su famoso poema carcelario, donde utiliza la forma de la prisión para convertirlo en barco para navegar. Por eso el preso fue el hombrecito que habitaba en su cuerpo, pero no el poeta porque, durante esos cinco años de encarcelamiento su alma andaba viajando por mares remotos en ese barco de piedra. 

Hay una faceta de Andrés Eloy, poco conocida, que pareciera contradictoria con su pensamiento de avanzada social: su profunda exaltación poética de lo religioso. Vale la pena transcribir lo dicho en este sentido por monseñor Baltazar Porras, arzobispo de Mérida, quien destaca así estas virtudes del poeta: “A Dios se busca y se llega por infinitos caminos. Y hay un cielo siempre abierto para quien lo busca en la oscuridad de la noche de la vida con sinceridad y honestidad. Ese es el cielo que pedimos para Andrés Eloy, en plenitud de amor, rodeado de angelitos negros, de Santa Serapia, del niño pobre con el juguete caro, rodeado de hijos con uno en los brazos como san Antonio o la Coromoto, porque cuando se tiene un hijo y se ama se tiene a todos, dicho con palabras del poeta:

No; amar es amar y ama;

es como amar de dos modos;

a unos como hijos de Dios

y como a Dios, a uno solo…

Hijo mío, que eres mis dos hijos

a un tiempo con el hijo infinito,

igual que el encaje del Misterio

el Hijo es uno en el Santo Espíritu

Y en Ellos y en Él están todos

los irredentos y los redimidos”.

Descansa en paz, querido compañero de sueños, de ideales de igualdad y justicia. Descansa en las pupilas de los niños pobres que sin la demagogia que hoy los humilla, serán redimidos por quienes suscribimos el pensamiento –valga de nuevo el oxímoron– del más grande de los “pequeños” hombres de Venezuela.

 

aecarrib@gmail.com

@aecarribolivar