• Caracas (Venezuela)

Antonio Ecarri Bolívar

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AD: Monagas y Delta Amacuro

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La semana pasada fui a los estados Monagas y Delta Amacuro a instalar sendos actos conmemorativos del 23 de Enero de 1958. En Monagas, durante años, AD fue la primera fuerza y habíamos dejado de serlo, pero ahora después de haber pasado el infortunado hechizo, que duró mientras Chávez vivió, vuelven los monaguenses a poner sus ojos en el partido del pueblo.

Eso no es un hecho aleatorio, ni producto de la buena suerte, sino resultado del trabajo incansable de una diminuta mujer (de tamaño, pero inmensa de capacidad y amor por su pueblo) que se llama Sandra Alfaro, y de la invalorable ayuda de trabajo y mística adeca de Luis Eduardo Martínez, rector de la Universidad Tecnológica del Centro, preparado intelectual y éticamente, quien no tengo dudas será el próximo gobernador de ese pujante estado oriental. Claro está que el brillante desempeño de Henry Ramos, como presidente de la Asamblea Nacional, ha sido la culminación de todo ese proceso de estímulo para la lucha.

El acto que celebramos en Maturín, según recogió toda la prensa regional, no se celebraba desde los tiempos en que AD era gobierno. No solo por la cantidad de gente, que rebosó las instalaciones del Colegio de Ingenieros de ese estado, sino por el fervor, la mística y el entusiasmo que exhibían los compañeros de todas las edades que se hicieron presentes en ese magno evento. A los compañeros de Monagas, en mi intervención, les hice un sucinto recorrido histórico por la época de la dictadura, cuando se creía que AD había desaparecido por haber perdido en la lucha a Leonardo, Alberto y Pinto Salinas, tres muchachos de 36, 37 y 38 años, respectivamente. Ah, pero ocurrió que el 23 de Enero de 1958 reaparece AD, en la conciencia popular, para salir de la dictadura y al año siguiente llevar a Rómulo Betancourt a la presidencia de la República.

En Tucupita las emociones fueron mayores, si cabe, por el renacer de la esperanza de centenares de compañeros que coparon las instalaciones de la casa del partido y hasta la calle aneja a nuestro local, pero lo más significativo es que otra mujer, como Sandra en Monagas, ha recuperado al partido en ese estado: Larissa González, a quien los compañeros le prodigan cariño y solidaridad al ver cómo ella ha levantado el fervor adeco que nos permitió obtener, con la MUD, una representación parlamentaria que teníamos años sin obtener. Todo gracias a la política unitaria que ella coadyuvó a consolidar.

Larissa vino cargando hasta Tucupita, desde Caracas, los diplomas de reconocimiento a compañeros que estuvieron presos durante la dictadura perezjimenista, en las Colonias Móviles de El Dorado, Guasina y  Sacupana, verdaderos centros de horror de la tiranía.

Allí estaba un hombre cuya prisión no las contó, por vez primera, Rómulo Betancourt en Venezuela, política y petróleo: cuando denunció al mundo la prisión de Martín Antonio Rangel, estudiante de segundo año de Medicina, junto a una pléyade de combatientes por la libertad. Martín tiene ahora más de 90 años y en ese acto, al recibir su diploma de reconocimiento, hizo una exposición sorprendente y memorable, donde al agradecer mis palabras y enviar consejos a mis compañeros del CEN, para no obnubilarnos con la victoria, rememoró momentos de la resistencia. Allí fue cuando me emocioné al ver a hombres completos, curtidos por la lucha y la cárcel, llorar de emoción por esos recuerdos grabados en sus almas; además, por haber ganado estas últimas elecciones y sentir que vamos por buen camino, de la mano de nuestro secretario general nacional, a recuperar la democracia y reconstruir a Venezuela. En oriente se reza y lucha por retomar el camino extraviado.

Esta es la razón por la cual existe la mística indoblegable de la militancia adeca: por el orgullo de sentir que formamos parte de nuestra mejor historia. Dios va a oír las plegarias por Venezuela, de monaguenses y deltanos, porque la voz del pueblo es la voz de Dios.

 

Vicepresidente nacional de Acción Democrática

aecarrib@gmail.com

@EcarriB