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Raúl y sus almuerzos largos

Raúl Fuentes recibe Premio de la Fundación Henrique Otero Vizcarrondo al Mejor Artículo de Opinión

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“¡Fuentes!... no quiero que usted entre en el círculo de los que se dedican a los almuerzos largos y las frases cortas”. La voz vibrante y enérgica del jefe de ARS lo sorprendió como un relámpago en una tarde tranquila. Para Raúl Fuentes (Caracas, 1945) era su primer día de trabajo en una agencia de publicidad, un oficio que no conocía pero que avizoraba como un camino prometedor. Le gustaban las palabras y admiraba manejarlas con destreza e imaginación.

Pero la ocasión no le había sido propicia, porque se propuso estudiar Matemáticas y luego se inscribió en Arquitectura, donde precisamente las palabras no eran una prioridad, al punto que un profesor calificó uno de sus exámenes con estas frases: “Usted no sabe nada de esta materia, pero su exposición está hermosamente escrita”.

En la Facultad de Arquitectura, Raúl Fuentes participó en la creación de una revista (Tauro 13), cuyos principales animadores eran Víctor Álvarez Brunicardi, Enrique Maio, Joseba Pontesta y Rafael Iribarren. Eventualmente, dice atrapando los nombres en la memoria, colaboraron Gonzalo Arnao y Joaquín Marta Sosa.

Eran esos años de inusitada violencia en Caracas, que comenzó el mismo día en que se conoció la victoria de Rómulo Betancourt en las elecciones presidenciales. “Recuerdo las manifestaciones de rechazo a la visita de Richard Nixon, el vicepresidente norteamericano”, dice con serenidad.

A la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, el liceo Fermín Toro reabre sus puertas y se inscribe allí, luego de estudiar dos años en el liceo José María Vargas, en Maiquetía. De los fermintorianos, recuerda al crítico de teatro y colaborador de El Nacional Rubén Monasterios, que, además de su gran tamaño, tiene una voz atronadora.

Años después quiso la fortuna que se le invitara, conjuntamente con un grupo de compañeros de la Facultad de Arquitectura de la UCV, a visitar Francia. Al final se quedó en Europa y recorrió España, Alemania, Inglaterra y, finalmente, fue a dar a Escandinavia. “En Suecia limpié ventanas y lavé platos, como muchos latinoamericanos”, cuenta con una sonrisa.

De regreso en Venezuela, conoce a Jacobo Borges, a través de un Club Político (Carlos Diez, Marco Tulio Troconis, Enrique Sánchez Falcón Gustavo Méndez y José e Iván Gabaldón). Con Borges hizo cine político y de agitación en los barrios. También estrecha nexos con Pablo Antillano, con quien emprende aventuras teatrales y entra en el periodismo (revistas Vea y Lea, Momento y Reventón).

En ARS permaneció 17 años: demasiados eslogans, con almuerzos largos y muchos textos cortos.