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Pedro León Zapata (1929-2015)

Pedró León Zapata

Pedro León Zapata

Zapata decía que quería ser como el artista Armando Reverón o dedicarse a leer. En ese orden

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En 1945, el joven Pedro León Zapata ingresó en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, para estudiar pintura. Por la misma época publicó su primera caricatura, en la revista Fantoches. Tenía 17 años de edad y cobraba 7,5 bolívares (de los viejos) por cada una. Aún no eran “Zapatazos” –las firmaba como P. P.– y la motivación de su trabajo no era precisamente hacer arte, sino ver las corridas de toros: con la venta de sus caricaturas costeaba el valor de la entrada a los espectáculos taurinos que entonces podían verse en la capital.

No se imaginaba –cómo habría podido, con la humildad que lo caracterizaba y que aumentaba su genio– que, más de medio siglo después, un intelectual de la talla de Simón Alberto Consalvi escribiría sobre él estas líneas –incluidas en el libro Pedro León Zapata. Por amor propio de Nelson Rivera–: “Como humorista no tiene par, sus caricaturas han llenado 50 años de historia venezolana. A través de los miles de Zapatazos se puede seguir la política desde los años sesenta hasta el sol que nos deslumbra. O sea, este sol del siglo XXI que no nos deja ver claro por exceso de luz. Una luz que se parece mucho a la oscuridad, extraño fenómeno. Día tras día, como un calendario que a veces es horóscopo y a veces bisturí, que nos hace reír para no llorar, Zapata nos acompaña como el viajero fiel que llevamos al lado y sin el cual el viaje no habría sido el mismo”.

Ni pies ni cabeza

De esos años como estudiante de pintura, por cierto, data el primer contacto “directo” que tuvo Zapata con el fundador del diario donde publicó sus “Zapatazos” por 50 años. “Cuando algunos estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas –contaba en 1986 en una edición del Papel Literario en homenaje a MOS– organizamos una huelga que no tenía ni pies ni cabeza (como debe ser), Miguel Otero Silva, jefe de redacción de este periódico, nos publicó absolutamente todas las barbaridades que se nos ocurrieron a todos los y que revolucionarios que protagonizamos el desaguisado”. El caricaturista conocía de antes el trabajo del escritor –como relató en la misma nota–, pues cuando estaba interno en el liceo San José de Los Teques esperaba con ansias todas las semanas la llegada de El Morrocoy Azul –que traía el compañero Carlos Gottberg, un suertudo semi interno–.

Luego Zapata viajó a México, donde permaneció por poco más de una década. Allí vio clases en el Instituto Politécnico Nacional, en la Escuela Esmeralda y en el Taller Siqueiros. Pero también las impartió él: en la Escuela de Bellas Artes de Acapulco. Sobre la experiencia en ese país, le contó una anécdota a Rivera, quien la reprodujo en su libro: “Después de terminar una de las mil conferencias que dio Diego Rivera –yo fui casi a todas cuando estaba en México–, recién llegado yo a ese país, le dije: ‘Maestro, usted dice en su conferencia que los pintores impresionistas, que los pintores cubistas, que la pintura abstracta, es una pintura que no refleja el verdadero sentimiento del pueblo y que no es revolucionaria, que la revolucionaria es esa que ustedes hacen. Pero yo creo que cuando el impresionismo surgió contra el gusto que se imponía en su época, emergió como una revolución, y cuando la burguesía aceptó el impresionismo, los pintores dijeron: ‘Ahora no voy a hacer más nunca impresionismo, ahora voy a hacer cubismo’, contrariando a la burguesía. Es decir, que esa fue una pintura antiburguesa, y cuando la burguesía se acostumbró al cubismo, entonces pasaron a hacer abstraccionismo geométrico, o dadaísmo, o cualquier otro ismo revolucionario. ¿No hay una contradicción? Yo tenía como 18 años y Rivera era un monumento, pero yo se lo dije como lo estoy diciendo ahora: ‘¿No hay una contradicción entre lo que usted dice y esa actitud de los impresionistas y de los cubistas contra la burguesía, que los hace aparecer como verdaderos revolucionarios?’. Y entonces él me dijo una cosa que a lo mejor no significa nada, pero como la dijo Diego Rivera y me la dijo a mí, no se me olvida: ‘Joven, usted tiene un concepto ‘montparsiano’ de la burguesía’. Me ha costado años entenderlo, pero él tenía toda la razón”. 

A su regreso a Venezuela, Zapata comenzó a trabajar con el periódico Dominguito, del que se salió después para lanzar El Fósforo. Luego fundó El Sádico Ilustrado, pero su principal financista, un español apellidado Lisbona, se retiró del proyecto. “Mira, yo no tengo nada con que ustedes se metan con los adecos, ni tengo nada con ustedes si se meten con los copeyanos; a mí lo que me preocupa es que ustedes se meten con adecos y con copeyanos”, le contó a Rivera que les dijo.

Con el Morocho

Después vino el primer “Zapatazo”, el 21 de enero de 1965, que mostraba al boxeador "Morocho" Hernández, recién coronado campeón de su peso, parado (de regreso de deslices) en lo alto de un envase de leche, con cara de satisfacción. En la primera compilación que se publicó de esos trabajos, el humorista Aquiles Nazoa escribió: "El ‘Zapatazo’ representa el triunfo más clamoroso que haya obtenido caricaturista alguno en Venezuela”.

Así lo evidenció la exposición que le organizó Sofía Imber en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en 1975. Invitó al caricaturista a llenar con obras suyas todas las salas, como parte de la muestra Todo el museo para Zapata. Por primera vez en el país un artista llenaba un museo no con una retrospectiva, sino con obras realizadas expresamente para la ocasión. Igual sucedió con el homenaje que le organizaron en el Poliedro en 1981, para celebrar su Premio Nacional de Artes Plásticas. Se presentaron Serenata Guayanesa, Lilia Vera, María Teresa Chacín, Alí Primera, Gualberto Ibarreto y Un Solo Pueblo, entre otros. "Será un espectáculo coherente, no una sucesión de cantantes y grupos. La dirección artística está a cargo de Antonio Constante y como animadores actuarán José Ignacio Cabrujas y Simón Díaz", anunció El Nacional entonces sobre Viva Zapata, acto en el que también participaron Otero Silva y Jacobo Borges.

La cátedra

Cuando dictaba clases de dibujo en la Facultad de Arquitectura de la UCV, Zapata sugirió crear la materia Humorismo. Así apareció la Cátedra del Humor Aquiles Nazoa, que lograba reunir a 3.000 espectadores cada lunes en el Aula Magna.

Zapata decía que quería ser como el artista Armando Reverón o dedicarse a leer. En ese orden. "Ser presidente de la República ocupa un lugar tan secundario, tan terciario y tal vez tan cuaternario que, viéndolo bien, viene a quedar del lado de las cosas que no me gustan”. Sin embargo, en 1987 lanzó su candidatura. Su gabinete lo integrarían los ministros Rubén Monasterios, Graterolacho, Adriano González León, Luis Britto García y Otrova Gomas, entre otros. Anunció en una caricatura el que podía ser su eslogan de campaña: "Estos tampoco van a cumplir, pero al menos ofrecen cosas más divertidas". “La gente mostró mucho entusiasmo, sin duda porque sabía que los humoristas somos gente muy seria, mucho más que los que se las dan de serios y, al final, lo que hacen da ganas de reír", dijo entonces el humorista y precandidato a ministro de Excusas y Justificaciones, de Ruinas y Derrumbes, Jaime Ballestas, conocido como Otrova Gomas.

La relación de Zapata con la Presidencia se daría de otra manera: el 20 de octubre de 2000 el presidente Hugo Chávez se refirió en cadena nacional a un "Zapatazo". Al mandatario le molestó una pieza que ilustraba el temor por la militarización del país, en la que un sable acompañaba a la frase "A mí la sociedad civil me gusta firme y a discreción". El artista le habló a El Nacional sobre el episodio: "No le acompañó la razón cuando dijo que yo, Pedro León Zapata, pienso porque se me paga. Eso no me pareció correcto. Sentí que esa era la expresión de lo que quiero imaginarme que en los cuarteles piensan de la gente que piensa: que la gente piensa porque le pagan".

Una vendedora de hamburguesas que fue entrevistada para este diario en 1984 resumió el sentimiento nacional sobre el caricaturista: "Hay cosas que yo quisiera decirle al país que él dice por mí".