• Caracas (Venezuela)

Aniversario 72

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Miguel Otero Silva (1908-1985)

Miguel Otero Silva

Miguel Otero Silva

El fundador de El Nacional, por no callarse, en más de una ocasión Otero Silva fue preso. La última vez, en 1958. De hecho, el 23 de Enero se encontraba detenido en la Seguridad Nacional, de donde fue liberado por el pueblo

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El fundador de El Nacional nació de madrugada. Y costó para que accediera a salir del vientre materno. “Hubo una espera de largas horas para confirmar su salvación”, contaba el periodista Oscar Guaramato –su primo hermano– en 1978, en las páginas de este diario.  

Pasó su infancia en el oriente –adonde siempre volvió para encontrar cobijo, más tarde, cuando le tocó ser perseguido por las dictaduras–, de Barcelona a Guanta y de allí a Puerto La Cruz y de vuelta a Barcelona y así, tras el padre, Hennrique Otero Vizcarrondo –también fundador del periódico–, que entonces trajinaba como comerciante para mantener a la familia.

Fueron las tías y la abuela, Mamá Clarita, quienes decidieron traerse al niño a la capital, para que continuara sus estudios. La familia completa se instaló en una casa en La Pastora, donde al poco tiempo murió la madre. Miguel Otero Silva, el primogénito de cuatro hermanos, contaba 12 años de edad. Tres años más tarde se graduaría de bachiller por el liceo Caracas, entonces dirigido por Rómulo Gallegos y donde tuvo como compañeros a varios integrantes de la Generación del 28 que –unos más que otros, por amistad o enemistad– no dejarían de formar parte de su vida.

Frente al maestro

Muchos años después, en 1969 –ya como escritor consagrado–, Otero Silva narró a un grupo de estudiantes del Instituto Pedagógico de Caracas un encuentro posterior con quien había sido su profesor en el colegio. El autor se refirió a la manera distinta en que él y Gallegos manejaban el simbolismo en sus novelas: “Cuando Gallegos pone en sus libros a una hacendada, esa mujer encarna al latifundismo; cuando a un americano, ese gringo encarna las compañías petroleras o al imperialismo; cuando a un peón, ese representa a la clase campesina, etcétera, y como tales se conducen a lo largo de sus libros. No sucede lo mismo con mis personajes, quienes no siempre actúan de acuerdo con el oficio o posición social que tienen. Cuando leyó mi libro Casas muertas el maestro Gallegos me llamó a su casa para decirme que la novela le había gustado mucho, y agregó después: ‘Hay, sin embargo, una cosa que no me explico. Y es que tú metes un cura en el relato y el cura te sale bueno, lo cual es algo difícil. Y unas páginas más adelante metes otro cura y también es bueno, lo cual es todavía más difícil. Y por último, metes un tercer cura y también es bueno. Ya eso es inverosímil’. Yo le respondí: ‘Mire maestro, lo que pasa es que cuando yo meto a un cura no estoy metiendo al clero en su totalidad, como tal vez haría usted. Cuando yo pinto un cura es simplemente un cura de carne y hueso; y esos tres me salieron buenos porque dio la casualidad de que en Ortiz, el pueblo de Casas muertas, vivieron tres curas en la época de mi relato y los tres eran almas de Dios’. Y concluí para consolarlo: ‘Pero no se preocupe, maestro. Ahora estoy escribiendo un libro llamado Oficina Nº 1, donde aparece un cura que es un bandido”. Decía el escritor español Enrique Jardiel Poncela que no podía existir una persona inteligente que no tuviera sentido del humor. MOS nunca perdió el suyo.

En busca de la poesía

En 1924 Otero Silva había ingresado a la Universidad Central de Venezuela, para estudiar Ingeniería. Sobre la decisión, expresaba: “Aquel era apenas un claustro de Capitanía General, en el cual, quien no estudiaba Ingeniería, tenía que estudiar Medicina, o Abogacía, o Dentistería, o Farmacia, y nada más. Los que se sentían inclinados hacia la literatura se inscribían generalmente en la Facultad de Derecho, no me explico por qué causa, ya que los códigos, los pleitos tribunalicios y los embargos están, a mi juicio, más lejos de las letras que la disección de un cadáver. Yo preferí la Ingeniería porque allí, al menos, se veían algunas materias de Matemáticas puras, que era lo único más o menos poético que podía aprenderse en aquella universidad semifeudal. Pero finalmente dejé la Ingeniería y me puse a escribir, porque no me agradaba otro oficio sino el de periodista (que la dictadura no me permitía cumplir en su verdadera misión) y el de escritor”.

Publicó un primer poema en la revista Élite y se hizo colaborador de las publicaciones humorísticas Fantoches y Caricaturas, pero sobrevinieron los acontecimientos de la Semana del Estudiante, en febrero de 1928. Otero Silva, vinculado con el movimiento, fue preso primero en las colonias y luego en el Castillo Libertador. La primera experiencia carcelaria no lo amedrentó y, una vez en libertad, continuó la lucha contra el gomecismo. Dos meses más tarde participó en un alzamiento militar que fracasó. Por primera vez en su vida –aunque no sería la última– tuvo que exiliarse.    

Con 20 años de edad, el impulso libertario de Otero Silva parecía no tener límites: participó en la Toma de Curazao al lado de Gustavo Machado antes de intentar entrar al país por Coro junto con otros insurgentes. Derrotados, el escritor en ciernes volvió a exiliarse en varios países desde los que siguió publicando artículos y manifiestos en contra del dictador. No regresó a Venezuela sino hasta después de su muerte.

El gobierno de Eleazar López Contreras, aunque abrió el paso a la democracia, no lo hizo completamente, y desterró a Otero Silva, acusado de comunista. Desde México, el autor publicó su primer libro de poemas, Agua y cauce, en 1937. De vuelta en el país, hizo lo propio con su primera novela, Fiebre.

Luchas periódicas

Sobre el nacimiento de El Morrocoy Azul, hijo de Kotepa Delgado, Carlos Irazábal y MOS, el mismo Delgado contó, en el Papel Literario, en 1986: “Salimos al aire en los primeros días de marzo de 1941, agotándose los 4.000 ejemplares en una sola mañana. Luis Gerónimo Pietri, ministro de Interior de López Contreras, pensó muy sanojahernándezmente que eliminando a Miguel se acabaría automáticamente El Morrocoy, y esa misma mañana lo detuvieron y embarcaron en calidad de confinado a su nativa ciudad de Barcelona (…) A los dos meses, cuando López entregó el mando a Medina, Miguel fue autorizado a regresar a Caracas y lo recibimos con la grata noticia de que estábamos vendiendo 40.000 ejemplares. Se incorporó como jefe de Redacción y desde entonces su gloria humorística creció como las sombras al declinar el Sol”. 

Fue la apertura democrática que inició el gobierno de Medina Angarita la que le permitió a Otero Silva dedicarse más de lleno al periodismo. Por esa y otras razones siempre defendió su gestión, y condenó el golpe del 18 de octubre de 1945, a la par que se acentuaban las crecientes rivalidades con antiguos amigos como Rómulo Betancourt. No se sabe si es verdad o no, pero el periodista aseguraba del político –ex compañero de clases– que decía que sería Presidente de la República desde los 12 años de edad. El apodo de “Napoleón de Guarenas”, sin embargo, se lo dio Gonzalo Barrios, se defendía.

El 3 de agosto de 1943 circuló la primera edición de El Nacional –como hoy se celebra, por septuagésima segunda vez consecutiva– y su primer jefe de Redacción se encargó de que fuese innovador y moderno, plural, como era él y como lo exigían los tiempos modernos. Uno de los elementos que Otero Silva introdujo en el periódico recién creado fue la mancheta, que el 24 de junio de 1948 fue la siguiente: "Condenamos la conspiración, el golpe militar, la apelación a la fuerza y a la violencia, la intervención de militares en la vida pública; y condenamos esas cosas antes del 18 de octubre, el 18 de octubre y después del 18 de octubre de 1945". Sucedido el golpe contra Gallegos, MOS y su diario no bajaron la cabeza ante el poder. “El 30 de marzo de 1949, en la página editorial, Otero Silva publicó un artículo que disgustó al triunvirato militar. En éste pedía la libertad de los presos políticos, luego de preguntar si acaso ellos eran delincuentes: ‘No creo que el más apasionado de sus adversarios esté dispuesto a sostenerlo ante un tribunal’. Entre esos detenidos en la Modelo, con cuatro meses de encierro, estaban Leoni, Prieto, Barrios, Pérez Alfonzo, López Gallegos, Carnevali y, entre algunos más, el mismísimo Anzola Anzola, que había desoído las advertencias, y el bachiller Carlos Andrés Pérez. Y seis días más tarde MOS persistió en su solicitud y El Nacional insertó la foto de Hitler y Franco dándose un efusivo apretón de manos, alusión simbólica al restablecimiento de las relaciones de la dictadura del caudillo con la que iniciaban aquí los de la Junta Militar”, escribió Jesús Sanoja Hernández.

Por no callarse, en más de una ocasión Otero Silva fue preso. La última vez, en 1958. De hecho, el 23 de Enero se encontraba detenido en la Seguridad Nacional, de donde fue liberado por el pueblo.

Instaurada la democracia, MOS fue electo senador, el mismo año en que pudo sumar el Premio Nacional de Periodismo al de Literatura, que ya tenía. Decía que no veía –la mayoría de la veces– mayor diferencia entre una cosa y otra, aunque en 1979 le manifestó a José Abinadé, colaborador de 2001: “Miguel Otero Silva tiene aproximadamente un 10% de poeta, un 10% de narrador, un 10% de periodista, un 10% de revolucionario y un 50% de hípico, si era eso lo que tú querías que te dijera”. El intelectual, ciertamente, solía citar la frase del pintor francés Gericault: “La vida es una porquería, pero hay tres cosas que justifican vivirla: la creación artística, el amor de una mujer y las carreras de caballos”.

Quien fue director de El Nacional, José Ramón Medina, con quien Otero Silva viajó a Rusia cuando Silva era presidente de la Asociación Venezolana de Escritores, retrató en una anécdota el carácter de su amigo, un día después de su muerte: “Fuimos a visitar el Museo del autor Alejandro Pushkin. Miguel arrancó una rosa del jardín. Al terminar el recorrido por toda la casa y al llegar al estudio, donde estaba el escritorio, el tintero y el libro, Miguel silenciosamente dejó caer la rosa. Ahora yo repito: ¿qué mejor ofrenda para un poeta que una rosa y un poema?”.