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Julio de Armas Mirabal (1908-1990)

Julio De Armas

Julio de Armas

El especialista trabajó en instituciones como la Cruz Roja y el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación

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Julio de Armas Mirabal admiraba profundamente a su padre, Julio de Armas Matute, médico y farmaceuta que atendía en pueblos llaneros. No solo estudió la misma carrera que él –de la que se graduó summa cum laude en 1932–, sino que además le dedicó a su figura uno de sus tantos libros: Presencia de un hombre. Biografía de mi padre.

En el título, describe una cirugía realizada en pleno llano por su progenitor: “Tuvo lugar el acto quirúrgico en su hato La Becerra, cerca de Agua Amarilla. La operación se llevó a cabo en un caney, sobre una mesa de oscurecidas tablas, y los operadores se auxiliaban con agua caliente para esterilizar; una totuma para colocar algodones con cloroformo como anestésico; poncheras, pailas y muebles rústicos ocupaban aquel improvisado quirófano, de piso de tierra y donde entraban libremente polvo y moscas”. Esa amputación de muslo debido a una gangrena –contó el doctor Edgardo Malaspina en la ponencia que presentó en el IX Congreso Venezolano de Historia de la Medicina– fue la que inspiró al hijo a seguir los pasos del padre.

De Armas Mirabal, quien se encontraba entre los especialistas que le practicaron la autopsia al cadáver de Juan Vicente Gómez el día siguiente al anuncio de su muerte, fue decano de la misma facultad de la que egresó, antes de que el gobierno del general Isaías Medina Angarita lo nombrara rector de la Universidad Central de Venezuela. Desde esa posición, le correspondió graduar a la primera promoción de periodistas del país, que incluyó a Miguel Otero Silva y María Teresa Castillo.

El médico, sin embargo, renunció al cargo en 1951, por presiones del gobierno. “Sobre la política en la universidad comparto la respuesta que una vez dio el ilustre ex rector de Salamanca, don Miguel de Unamuno, cuando dijo que la única política que admitía en la universidad era la política de la entereza. Es decir, la política de mantener y defender los principios y fueros que conforman la fisonomía institucional universitaria: la autonomía académica, el estudio, la investigación, la disciplina”, expresó en una oportunidad.

Fiel a su tierra. Son de gran valía los estudios que realizó De Armas sobre el llano y la salud de sus habitantes, que reunió bajo el título El problema de la insalubridad rural en el estado Guárico. “En estas condiciones de precaria comunicación no llega a esta gente, desheredada injustamente, ninguna acción efectivista de progreso, ni de asistencia social. La acción oficial pasa de vez en cuando, en veloz vehículo por las dos rutas transitables, dejando a los lados innumerables ranchos ruinosos donde solo señorea el hambre, el desaseo y la muerte”, escribió al final del primer capítulo de la obra, que en 1941 obtuvo el primer Premio Alejandro Próspero Révèrénd, en el certamen médico anual promovido por la Sociedad Bolivariana de Venezuela.

El especialista trabajó en instituciones como la Cruz Roja y el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación, entre otros. También fue director del hospital Vargas, miembro del Directorio del Banco Central, presidente de la Junta Directiva del Hipódromo Nacional, diputado por el estado Guárico al Congreso, director de Sanidad en Miranda, ministro de Educación y embajador en Argentina.

Además de ser electo individuo de número de la Academia Nacional de Medicina en 1949, dirigió la institución entre 1984 y 1986.

Participó en la fundación de la Asociación de Bienestar Estudiantil de la UCV, el Colegio de Médicos del Distrito Federal, la Sociedad de Medicina Interna y el Teatro Universitario, entre otros.