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José Rafael Pocaterra (1888-1955)

José Rafael Pocaterra

José Rafael Pocaterra

Durante la segunda década del siglo pasado el autor desempeñó algunos cargos en la administración pública

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El valenciano había sido encarcelado antes de que se cumplieran los 10 primeros años del siglo XX. No alcanzaba los 20 años de edad pero su pluma ya era capaz de llevarlo a él y a otros tras las rejas: debido a un artículo en contra de Cipriano Castro, que publicó en el diario Caín, él y el resto de los redactores del periódico fueron a dar al Castillo San Felipe de Puerto Cabello.

Durante la segunda década del siglo pasado el autor desempeñó algunos cargos en la administración pública, todos de menor rango, a la par que se dedicó a publicar sus escritos, entre ellos su primera novela, Política feminista, y los Cuentos grotescos. Por la forma llana y directa en que Pocaterra describía la cotidianidad y la miseria, los relatos marcaron un antes y un después en la narrativa venezolana.

En 1917 otra vez la denuncia llevó al intelectual a la cárcel. Debido a un artículo que publicó en el diario El Fonógrafo, en el que declaraba su apoyo al frente aliado durante la Primera Guerra Mundial, Pocaterra fue enviado temporalmente a prisión y se ordenó el cierre del diario, que había circulado por 38 años de manera consecutiva.

Un año más tarde el escritor fundó la publicación humorística Pitorreos, en compañía de Leoncio Martínez, Francisco Pimentel (Job Pim) y José Antonio Calcaño, con quienes se involucró en otro proyecto conspirativo. El plan se descubrió y Pocaterra fue a dar a La Rotunda, donde se dedicó a escribir y traducir, a pesar de las dificultades para esconder los manuscritos y de las torturas y castigos a los que a diario era sometido. De esos días nació la obra Memorias de un venezolano en decadencia.

En 1922 el autor volvió a ser libre. Poco tiempo después, para evitar las represalias que siempre traían sus escritos, se fue del país, con destino al norte.

Desde el exterior, Pocaterra no dejó de luchar en contra de la dictadura: en 1929 participó en la invasión frustrada del Falke, que abordó en Polonia junto a otros venezolanos que se oponían al régimen de Juan Vicente Gómez. La operación fue un desastre y el escritor fue señalado como culpable, por su decisión de huir a Trinidad y arrojar las armas al mar, tras la amenaza de los reclutas de unirse a las filas gomecistas. “Seamos estrictamente severos con nosotros mismos y justos con los demás y hagamos un análisis de los hechos primero y de nuestras conciencias después. Los que tomaron parte activa tienen en buena lógica derecho a la crítica; que la multitud de jueces a mansalva hable y grite después, es lógico también, pero ellos tienen menos derechos que nosotros. En síntesis, de todos los que tomaron parte en esta contienda armada raros son los que no buscan el modo de tirarle la piedra al compañero; sería pueril extrañarse de una cosa tan corriente en cualquiera clase de fracaso”, reflexionó posteriormente.

Tras la muerte de Gómez, cuando el país se abría a la democracia, el autor ocupó cargos públicos y fue embajador en Brasil y en Estados Unidos. También se opuso al régimen de Marcos Pérez Jiménez.