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Eduardo Gallegos Mancera (1915-1989)

Eduardo Gallegos Mancera

Eduardo Gallegos Mancera

Como militante del Partido Comunista de Venezuela, organizó sindicatos en campos petroleros y ligas campesinas

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Un honor peculiar es haber inspirado un personaje. Más aún cuando el escritor que consideró digna de contar la historia propia es uno de la talla de Miguel Otero Silva, quien entrevistó a Eduardo Gallegos Mancera para recrear a El Médico, uno de los protagonistas de su novela La muerte de Honorio, que retrata la cruel represión durante la dictadura de Pérez Jiménez.

El haber inspirado un personaje, sin embargo, no es la mayoría de las veces algo envidiable, o que se desee al amigo; la mayoría de las veces el haber inspirado un personaje implica un periplo por lo menos difícil, cuando no doloroso. Hijo de un padre que había conocido la cárcel por oponerse a Gómez, el recorrido de Gallegos Mancera no fue en lo absoluto tranquilo, ni siquiera en sus comienzos: a los 13 años de edad ya conspiraba contra el régimen, como repartidor del periódico clandestino El Imparcial, que dirigía Andrés Eloy Blanco.

Convertido en alumno de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, donde se hizo líder estudiantil, también lo encarcelaron, aunque por poco tiempo, en 1936. Al año siguiente, como militante del Partido Comunista de Venezuela, organizó sindicatos en campos petroleros y ligas campesinas. A principios de los años cuarenta empezó a ejercer como médico en El Valle, donde atendía gratis a los pacientes necesitados. Luego del derrocamiento del gobierno democrático de su primo segundo Rómulo Gallegos, el dirigente fue a dar a la cárcel Modelo en repetidas ocasiones.

Ello, sin embargo, no amilanó sus deseos de lucha: en 1952 fue él quien se reunió de manera clandestina con Alberto Carnevali, de AD, para proponerle la alianza en apoyo al candidato presidencial de oposición Jóvito Villalba. Las represalias no se hicieron esperar: Marcos Pérez Jiménez fue declarado vencedor de las elecciones y Gallegos Mancera fue nuevamente apresado.

Presentado como el máximo dirigente del PCV, durante 26 días sufrió torturas que le dejaron secuelas como la pérdida de la visión de un ojo y el perforamiento de un tímpano, además de dolores de espalda crónicos. El médico jamás traicionó a ninguno de sus compañeros. Liberado dos días después de la caída del dictador, le encargaron la Secretaría de Relaciones Internacionales del PCV.

Una década más tarde fue electo senador. Gallegos Mancera también fue autor de varios libros. De Las cualidades del dirigente –compilación de las columnas que escribió para el periódico del PCV, Tribuna Popular-, se desprende esta cita: “Entre los fenómenos negativos que, afortunadamente con poca frecuencia, aparecen en las filas del partido y entre sus dirigentes, está el de la adulación y el mutuo elogio, que fácilmente se entrelazan. No es que debamos desconocer mezquinamente los méritos de tal o cual cuadro, pero sí desterrar todo lo que signifique excitar la vanidad del dirigente”.