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La libertad de escuchar

La capacidad auditiva de Rebeca Rinaldi no la limita para hacer lo que quiere

La capacidad auditiva de Rebeca Rinaldi no la limita para hacer lo que quiere

Rebeca Rinaldi tiene 25 años y nació con una malformación del nervio auditivo. Con una personalidad tímida pero dulce, su libertad de percibir los sonidos depende de unos aparatos que le permiten disfrutar de las cosas que le gustan, como ver una película o ir a un concierto de rock

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Es común que a la gente le disguste escuchar un carro cuando frena de repente o el corneteo constante cuando hay tráfico. A mí también, pero hasta los sonidos más desagradables agradezco poder percibirlos.

Mi nombre es Rebeca Rinaldi y nací con una malformación del nervio auditivo. No puedo escuchar 60% en el oído izquierdo y 40% en el derecho y mi libertad de ser quien soy y hacer lo que me gusta depende día a día de unos aparatos.

Me los pongo al despertar y solo dejo de usarlos para bañarme y dormir porque, cuando no los tengo, prácticamente no puedo hacer nada. Pero ni siquiera representan algo que me pongo y me quito; ya forman parte de mí.

Desde los 3 años los uso, cuando una maestra en el preescolar se dio cuenta de mi condición y se lo advirtió a mis padres. También decía menos palabras de las que debía manejar a mi edad. Es por eso que no tuve tiempo de distraerme en mi niñez. Al menos hasta los 10 años siempre estuve ocupada, porque después de clases me iba a terapias de lenguaje y para mejorar mi motricidad fina.

Probablemente por mi condición crecí siendo muy tímida y nerviosa. Por ejemplo, al conversar con los demás, a veces creo que grito y en realidad estoy murmurando. Es más difícil aún comunicarme si la otra persona no modula bien o me habla de espaldas.

Siempre intento ponerle freno a mis inseguridades. Soy tan dulce como perseverante y mi discapacidad auditiva no fue una limitación para aprender otros idiomas. Hablo italiano y el inglés lo manejo muy bien, principalmente cuando lo escribo.

Precisamente en mi trabajo en el departamento de Comunicaciones Internas del laboratorio GlaxoSmithKline traduzco textos y tengo habilidad para redactar anuncios y hasta para tomar fotos de eventos.

Los trabajos que he tenido han significado un reto para mí porque mis procesos son más lentos que los de otras personas. Tuve experiencia en tiendas de cocina porque soy diseñadora de interiores, pero era muy complicado el hecho de hablar con un cliente mientras hacía un diseño y además atendía el teléfono.

Además de los idiomas, una de las cosas que más disfruto escuchar es la música, incluso el rock. Recuerdo que una vez fui a un concierto de My Chemical Romance, a los 18 años de edad, y ha sido el único en el que tuve que quitarme los aparatos. El problema en otros shows podía ser que no escuchaba, pero ahí lo hacía demasiado.

Aún con los aparatos puestos algunos sonidos me molestan o me cuesta diferenciarlos, como los que son muy graves. Por ejemplo, si los bajos suenan muy fuertes en un concierto no puedo entender la letra de la canción. Tampoco capto bien los que son muy agudos, como una campana, un timbre o un teléfono.

Otra de mis distracciones es ver películas, pero preferiblemente subtituladas. Me pierdo cuando son dobladas y además molesto a los demás porque debo poner el volumen muy alto.

La realidad es que muchos no pueden entender esta condición. Quisiera que la gente tuviera más paciencia y fuera más comprensiva porque se pueden aburrir o cansar de repetirme varias veces lo mismo para que yo pueda escuchar. No se dan cuenta de que para personas como yo es aún más difícil tener que repreguntar, porque es un recordatorio constante de que no tenemos todas las facultades.