• Caracas (Venezuela)

Aníbal Romero

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Aníbal Romero

El espejismo

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¿Por qué Putin invadió Crimea? La respuesta corta es esta: porque nada se lo impedía. La respuesta más larga es esta: porque eso es lo que usualmente hace un gran poder, cuando percibe que alguno de sus intereses vitales se encuentra seriamente amenazado. Sin embargo, la señora Merkel comentó al respecto que “Putin vive en una realidad diferente”, distinta a la realidad en la que ella preferiría vivir, que es la del espejismo de la “corrección política”, el “poder blando”, y el resto de banalidades y quimeras que han inventado los europeos estas pasadas décadas.

Por su parte, John Kerry, un estadounidense que más bien parece europeo, confirmó que él también vive en un espejismo, cuando advirtió a Putin que “esas cosas (invadir otro país) no se hacen en el siglo XXI”; esas son “actitudes propias del siglo XIX”. Alguien debería mencionarle a Kerry que también en los siglos XX y XXI fueron invadidos numerosos países, entre ellos República Dominicana, Grenada, Panamá, Vietnam, Laos, Camboya, Checoslovaquia, Hungría, Irak, Afganistán, y paremos de contar.

Resulta extraño, a decir verdad sorprendente, que tantos políticos en Europa y Estados Unidos, en efecto, se crean el cuento según el cual, por razones que nadie explica, la naturaleza humana presuntamente ha cambiado, la política internacional se ha vuelto una especie de juego floral, y todos nos hemos decidido a actuar de acuerdo con estrictos cánones de conducta ética.

Opino que debemos agradecer a canallas como Putin que nos recuerden que tales pamplinas no son más que eso: ilusiones edificadas sobre la base de la ignorancia de la historia, la extendida tendencia a ver el mundo como queremos verle y no como es, y a imaginar que hemos entrado a una época idílica en la que el mal, si bien sigue existiendo, se encuentra en vías de desaparecer.

Tales fantasías, cabe anotarlo, son también comunes en la Venezuela de hoy. Llama en tal sentido la atención que sean precisamente ex guerrilleros salvadoreños, ex allendistas chilenos, ex tupamaros uruguayos, ex trotskistas brasileños, y desde luego nuestros propios ex comunistas criollos quienes ahora aconsejan y guían a la oposición democrática, conminándola a comportarse con mucha decencia, con mucha cortesía, con mucha ponderación, sin romper  ni un plato, pues solo así se logrará “acumular fuerzas”, “superar las arbitrariedades del régimen”, y eventualmente, en un lejano futuro, alcanzar un triunfo electoral que esta vez cambiará todo y Venezuela arribará al paraíso.

La izquierda “buena” orienta a la oposición venezolana, y seguramente por ello, al menos en buena parte, no acaba de decidirse a poner fin al régimen que destruye al país. Esa izquierda antes radical ahora se ha transformado. Ni Jefferson, ni Lincoln, ni Gandhi, ni Martin Luther King, ¡ni Pericles, por Dios!, es más democrático, bondadoso y civilizado que esos otrora come-candela, hoy devenidos en intachables republicanos, a quienes solo les falta salir a la calle ataviados con togas de senadores romanos, blandiendo la Constitución que Maduro a diario pisotea.

La retirada estratégica de Washington, la pasmosa debilidad de Obama, y la burbuja de fantasías en la que vive Europa han erosionado severamente la voluntad disuasiva de Occidente. Los ayatolás iraníes, el carnicero sirio, los hermanos Castro, Al Qaeda, el genocida de Corea del Norte, los implacables militares chinos y hasta nuestro rocambolesco Nicolás Maduro, encuentran ante ellos el espejismo, y dentro de ese marco, estimulados por la ingenuidad de sus adversarios, cometen sus crímenes.