• Caracas (Venezuela)

Aníbal Romero

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Reporte sobre China

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Escribí este reporte luego de un viaje a China el año 2005 y nunca fue publicado. Pienso que en vista de los eventos actuales, su lectura podría ser de interés para los lectores.


China es un país de contrastes:

El contraste entre el progreso que se palpa en las ciudades costeras como Shangai y Guangzhou (Cantón), de un lado, y de otro lado el atraso que aún caracteriza extensas zonas rurales del país. Una noche cené en un lujoso restaurante de Shangai, situado en una torre ultramoderna de más de ochenta pisos, y horas más tarde contemplaba en los alrededores de Guilin a seres humanos –algunos de ellos ancianos– arando y cultivando arroz como seguramente lo hacían sus antepasados hace miles de años.

El contraste entre la expansión de un capitalismo salvaje que pareciera contagiar a centenares de millones de personas, por una parte, y por la otra un orden político autoritario, con el poder concentrado en las estructuras del Partido Comunista. No es nuevo que una economía de mercado conviva con un sistema político autoritario, pero en el mundo de hoy ésta pareciera ser una combinación difícilmente sostenible por mucho tiempo, antes de que las presiones democratizadoras en lo político se hagan sentir. Una mañana, caminando por la plaza Tiananmen en Beijing, pude constatar cómo la policía, en una eficaz y rápida operación, sometía, apresaba y sacaba de allí en una camioneta a una joven muchacha, quien había comenzado alguna protesta de carácter político. Esa plaza y otros lugares públicos están de día y de noche repletos de policías, preparados a asfixiar en su origen cualquier signo de protesta. El liderazgo chino vive bajo el constante temor a nuevos estallidos de rebelión como el que tuvo lugar en esa plaza en 1989, produciendo la muerte de miles de personas.

El contraste entre la permanencia de muchos rasgos de la cultura tradicional china, que incluye la tendencia a confiarse solamente en la familia más cercana, y las exigencias de una economía de mercado. En China se espera que el consumidor “regatee”, es decir, pida pagar menos de lo que se dice inicialmente que las cosas valen. Este rasgo ciertamente no es exclusivo de China. No obstante, allí se lleva a extremos grotescos y absurdos, con el resultado que se pierde la perspectiva de la relación valor-precio, así como la confianza entre vendedores y clientes. Una economía de mercado encuentra dificultades en un contexto carente de confianza.

Por último, llama la atención el contraste entre el deseo de prosperar de los chinos y su marcado descuido del medio ambiente que les rodea, cuya creciente destrucción les complicará las cosas en su ruta hacia la prosperidad. A pesar de que la economía china es varias veces más pequeña que la de Estados Unidos, China está cercana a alcanzar al coloso norteamericano en el terreno de generación de emisiones tóxicas hacia la atmósfera. Los chinos no parecieran inquietarse por la preservación del medio ambiente, y ello se percibe tanto en las ciudades como en el campo. Lo prioritario es el progreso material a toda costa, sin reparar en su impacto ecológico.

Un intelectual chino, Zheng Bijian, ha dicho que su país tiene problemas de “división y multiplicación”. El problema de la división se refiere a que no importa cuán cuantiosos sean los recursos disponibles, pues una vez que se dividen entre 1.300 millones de personas se hacen escasos (en términos per cápita). Por otro lado, no importa cuán pequeños sean los problemas, pues si los multiplicas por 1.300 millones de seres humanos se convierten en grandes problemas. Hay que tomar en cuenta esto cuando se intenta analizar el caso chino. Mi percepción es que una vez que se visita el país, se le observa con atención y se estudian las cifras más significativas, se impone hacer un juicio ponderado que evite las exageraciones que se formulan acerca de China, pintada como una especie de monstruo que devorará a Estados Unidos y Occidente. Tal perspectiva me parece lejana.

A pesar de los avances que China ha llevado a cabo, la economía de ese país (cifras de 2005) es todavía sólo un tercio del tamaño de la japonesa. En términos per cápita, la economía china sigue siendo la de un país en desarrollo de bajos ingresos, ubicada alrededor del lugar # 100 en el mundo, y su impacto sobre el conjunto de la economía global es aún limitado. Sus escasos recursos naturales constituyen un desafío de primerísima importancia. Por ejemplo, sus recursos de agua per cápita son un cuarto del promedio mundial, y su área cultivable per cápita alcanza sólo hasta 40% del promedio mundial. Lo mismo ocurre con el petróleo (8,3%), el gas natural (4,1%), el cobre (25,5%), y el aluminio (9,7%). De acuerdo con el plan estratégico de las élites civiles y militares chinas, a su país le tomará otros 45 años (hasta 2050) para convertirse un país modernizado y desarrollado de nivel medio. Para enfrentar su déficit de energía, aparte de buscar nuevas fuentes de suministro petrolero en diversas regiones del planeta, China espera convertirse en el principal productor mundial de energía nuclear para 2050, a pesar de los retos ambientales que acarrea ese objetivo. El porcentaje chino en las exportaciones mundiales es alrededor de 6%, y su participación en el valor manufacturero agregado a nivel mundial es de 9%, menos de la mitad con relación a Estados Unidos y Japón. 50% de la masa laboral china sigue vinculada a la agricultura, en contraste con solo 2,5% en Estados Unidos. Las estructuras burocráticas del Estado totalitario siguen cobrando un precio, y en China toma 48 días montar un negocio (solo 6 días en Singapur), y 241 días cobrar una deuda (69 en Singapur). China tiene 103 millones de internautas (7,9% de la población). En Estados Unidos la cifra es de 203 millones (68% de la población total). Se han realizado grandes esfuerzos en educación. Las universidades chinas han mejorado notablemente, y están tratando de reclutar profesores extranjeros cuando no pueden suplir la demanda con talento interno. Hay además decenas de miles de estudiantes chinos en universidades estadounidenses y europeas, sobre todo en ciencias “duras” e ingenierías.

Todo esto debe verse en la perspectiva de los “problemas de división y multiplicación”, y también del corto tiempo que le ha tomado a China ascender los peldaños de los procesos modernizadores, pues la decisión de dejar atrás el modelo colectivista en economía comenzó a ejecutarse hace solamente tres décadas. De manera que el progreso de China ha sido inmenso en ese período, pues antes la pobreza era generalizada y las aspiraciones de la gente muy limitadas. Hoy existe en China una clase media consumista de alrededor de 200 millones de personas. Mas lo esencial es lo siguiente: 1) China tiene unas élites políticas y militares cohesionadas, con una visión de futuro compartida. 2) Esas élites, y la masa de la población en general, tomaron el camino de incorporarse competitivamente a la globalización, y tener éxito en ese terreno.

Este esfuerzo económico tiene sus costos y deja heridas. Las élites chinas han querido adelantarlo bajo un férreo control político, temerosas de que en China el fin del comunismo pueda degenerar como en Rusia, o en un torrente anárquico que conduzca a la desintegración de la sociedad y el ascenso al poder, por ejemplo, de sectores militares ultranacionalistas y demagógicos o de movimientos democráticos inexpertos que desaten una inestabilidad permanente.

Múltiples tensiones surgen de la creciente desigualdad entre los ricos y otros que avanzan con la ola del progreso, y los millones que se están quedando atrás. De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, del total de 2.300 millones de habitantes en India y China, alrededor de 1.500 millones gana menos de 2 dólares diarios. La oficina nacional de estadísticas china indica que el promedio de los ingresos rurales en 2004 fue de 200 dólares por cabeza, menos de un tercio de los ingresos urbanos. De allí que la CIA calcule que alrededor de 80 a 120 millones de trabajadores rurales excedentarios se encuentran en situación de perenne nomadismo entre sus zonas y las ciudades más prósperas, subsistiendo con trabajos pasajeros y salarios muy bajos. El aumento de las protestas sociales perturba profundamente al liderazgo chino, que teme al caos. El ministro de Seguridad, Zhou Yong-kang, afirmó en una reunión este año (2005) que el número de incidentes de protesta social ha crecido de manera exponencial, involucrando millones de personas. La prensa occidental no ve estas realidades, que ocurren principalmente en el interior del país, en sitios poco visitados por los turistas o por la prensa y otros observadores extranjeros.

Personalmente pude constatar la presencia en las ciudades de enormes barrios pobres y de numerosos mendigos, que los gobiernos municipales hacen lo posible por ocultar a los ojos de turistas curiosos, pero que resulta imposible desaparecer. Estos barrios pueden compararse con los que existen en torno a las grandes urbes latinoamericanas como Caracas y Rio de Janeiro, entre otras.

Conclusiones:

1) China ha hecho grandes avances y tiene serios problemas. Su estabilidad depende de que se mantenga un elevado ritmo de crecimiento y que la clase media siga aceptando que su prosperidad marcha aparejada a su pasividad política. Si ese pacto entre el gobierno y la clase media no se sostiene, bien sea por una caída en el ritmo de crecimiento o porque la voluntad de participar políticamente se intensifique, China podría experimentar un salto cualitativo en el nivel de protesta social. La centralización de las decisiones en la estructura del Partido Comunista, y en general las élites civiles-militares, funciona muy bien para establecer prioridades, concentrar recursos en las mismas, y desarrollar una estrategia a largo plazo, pero no para manejar conflictos. Sencillamente, en China los conflictos son asfixiados, reprimidos o aplastados. 2) China ha hecho enormes progresos en paz, a diferencia de otros poderes que en el pasado buscaron su lugar bajo el sol por medios bélicos (como Prusia por ejemplo). A pesar de que el tema de Taiwán sigue siendo un  irritante, difícilmente se vislumbra un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y China, a menos que una grave convulsión interna llevase al poder en China al sector militar nacional-extremista, ahora en minoría. Cabe apuntar que el gasto militar chino alcanza alrededor de 60 billones de dólares anuales, en contraste con el de Estados Unidos que suma 380 billones de dólares. China está muy lejos de alcanzar a Estados Unidos en el plano tecnológico-militar. 3) Parece conveniente invertir en China, pero hay que hacerlo con cautela, y cuidarse mucho del sistema financiero, sometido al peso de grandes deudas incobrables generadas por malos préstamos. En un ambiente cuasi-totalitario, donde el mercado no funciona adecuadamente en el plano financiero, los contactos gobierno-banca producen toda suerte de distorsiones y una gran corrupción. 4) Se ha exagerado el progreso de China. Desde luego que ha sido enorme y no cabe minimizarlo, pero China no avasallará a Estados Unidos, cuya economía se caracteriza por una gran flexibilidad. No obstante, en lo que tiene que ver con Europa, el desafío planteado por China sí es fundamental, y no parece que las economías europeas tengan capacidad de adaptación para enfrentarlo.