• Caracas (Venezuela)

Ángel Oropeza

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Cómo ponchar a Miguel Cabrera

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Imagine la escena: Miguel Cabrera, el mejor bateador hoy por hoy del beisbol, parado en el home. Tres hombres en base y sin outs. Frente a él, un viejo pitcher cansado, sin nada en la bola y además muy asustado. Piense: ¿usted por quién apostaría? La elección parece sencilla. Frente a Cabrera, el viejo lanzador no tiene vida. Así que su única opción es tratar de engañar a Miguel para que no batee. ¿Cómo puede hacer eso?

Pues bien, aunque parezca improbable que funcionen, a nuestro aterrado y tramposo pitcher del cuento le quedan algunos trucos. Posiblemente tratará de convencer a Miguel que no vale la pena que batee porque todo está arreglado; o que el árbitro –que es del mismo equipo del pitcher- le va a cantar strike a cualquier cosa que le lancen; o le advertirá que así batee un jonrón, el otro equipo no se lo va a reconocer; o le amenazará con el cuento que si insiste en querer batear a pesar de todo esto, pues suspende la partida y no se juega más. Adicionalmente, el viejo pitcher cuenta con el extraño apoyo de algunos aficionados del mismo equipo de Miguel, quienes también le dirán a éste que no sea ingenuo, que con batazos no se gana el juego (sabrá Dios entonces con qué), que el otro equipo –aunque más débil y fracturado- pues no va a aceptar perder, y que mejor deje la cosa así. La última esperanza del mañoso lanzador es que Cabrera caiga en la trampa, y decida irse del home, convencido que no hay nada que hacer. Es la única forma de poncharlo.

Sabemos que, afortunadamente, estos trucos desesperados nunca funcionan con nuestro admirado grandeliga, simplemente porque no cae en las provocaciones de quienes tratan de desconcentrarlo y evitar así que batee. Ahora bien, ¿podemos asegurar lo mismo del enfrentamiento entre el viejo pitcher cansado que es el madurocabellismo decadente, y el pueblo venezolano?

El gobierno sabe que contra el pueblo no puede, y que si éste se decide a batear pues simplemente les va a voltear el juego. Aterrados y sin apoyo popular, pero con mucha plata y recursos, su esperanza es disuadir a la gente, desanimarla y convencerla que no vale la pena.

Por eso, la campaña electoral que ya se inició no será sólo la más corrupta y tramposa de cuantas hayamos conocido, sino que tendrá como elemento pivote el uso por parte del gobierno de herramientas y estrategias de los famosos manuales de guerra psicológica (“psy-war”), tan utilizados por los organismos de inteligencia de los regímenes fascistas. Según estos manuales, la población debe ser “sometida psicológicamente” mediante la generación progresiva de 4 estadios emocionales: incertidumbre (frente al rumbo de los acontecimientos y de su propio futuro), angustia (que provoca paralización), desesperanza (convencimiento de que no hay nada que hacer) y, finalmente, resignación y entrega.

Es por ello que nuestro decrépito gobierno no plantea su batalla en el terreno de las soluciones, sino en la esfera de las percepciones, eso que llamaba Chávez “la batalla por la mente del ser humano…esa batalla hay que ganarla. Si no la ganamos, no ganaremos ninguna” (Aló, Presidente N 327). Por eso, para los responsables de la actual tragedia nacional, la “batalla electoral por la mente” es primero que las soluciones a los problemas y más rentable políticamente que las respuestas a las necesidades de la gente.

Si sabemos que ese es el juego de los poderosos, nadie debería caer en su trampa. Por ello la insistencia en que, a pesar de las provocaciones habidas y por venir, nada nos debe desviar del camino de la organización popular de las mayorías; de la agenda económica y social, que es la que unido al pueblo sufriente en contra de sus victimarios; del camino electoral, el único escenario en que el gobierno tiene todas las de perder, y de la Unidad opositora, única garantía de materializar el cambio necesario.

Si seguimos fieles a la estrategia trazada, no será fácil ponchar a un pueblo ya decidido a cambiar su situación.