• Caracas (Venezuela)

Ángel Oropeza

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Ángel Oropeza

Receta para perder las elecciones

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La oposición venezolana tiene un terreno fértil por delante, en su objetivo de transformar en votos el enorme descontento popular que registran todos los estudios de opinión, y así sentar este mismo año las bases para un cambio político en el país. Sin embargo, el principal enemigo para lograr ese objetivo pudiera estar escondido –aún sin quererlo– en sus propias filas.

¿Es posible perder las cruciales próximas elecciones parlamentarias, aunque al gobierno le sea muy difícil ganarlas? Pues sí. Para ello, lo que hay que hacer es seguir una simple receta para convertir un muy posible triunfo en una segura derrota.

1) Insista en que como esto es una dictadura, usted no vota hasta que la dictadura le garantice condiciones democráticas. Desanime a la gente diciéndole que todo está arreglado, que para qué vamos ir a votar, y que el CNE es tan todopoderoso que al final hace lo que le da la gana. Si alguien le pregunta por qué, si eso fuera verdad, el CNE no puso a ganar a Maduro las presidenciales por un margen más cómodo que ese dudoso 1%, diga que eso también estaba preparado. No oiga razones. Lo suyo es convencer a los demás de que cometan el error de no votar. Total, la forma más segura de que gane quien tiene todas las de perder es que quien pudiera ganar no vote.

2) Caiga siempre en el juego de polarización política del gobierno. Por más que la realidad imponga que Venezuela está dividida entre una mayoría inmensa de víctimas de la crisis y un puñado de vivos victimarios, usted siga insistiendo en que la división es entre “oficialistas” y “opositores”, tal como lo repite el canal 8 todos los días.

3) Olvide el bloqueo informativo que aplica el gobierno a los canales  de comunicación del país, e insista que la oposición no hace nada, simplemente porque usted no ve nada en los medios.

4) Anime a algunos personajes que creen que el “mandado ya está hecho” y que es inevitable (no importa lo que pase, y así no se haga el trabajo), que el gobierno pierda la Asamblea Nacional, por lo que lo importante ya no es entonces trabajar por hacer posible la victoria, sino luchar a lo interno por asegurar la mayor tajada posible de ese “seguro” triunfo. 

5) Aliente y respalde a los siempre presentes “salvadores de la patria” que amenazan con lanzar sus candidaturas y romper así la unidad opositora sin la cual, por más que se tenga mayoría, es imposible una victoria. No haga caso a quienes le explicarán con todos los fundamentos posibles que, dada la naturaleza bipolar y excluyente del actual sistema electoral para las parlamentarias, este constituye en la práctica un mecanismo “solo para dos”, y que por tanto, sin unidad opositora, ningún triunfo es factible.

6) Aproveche que la MUD no puede realizar primarias en todo el país para volver a la vida al fantasma –tan útil a Chávez en su oportunidad como al oficialismo en repetidas veces– del antipartidismo y la antipolítica. Así, repita que las decisiones y consensos alcanzados por los casi 30 partidos de la MUD para el resto de las circunscripciones donde no habrá primarias son “componendas” y “arreglos cupulares” inaceptables, ya que al ser hechas por los partidos políticos, son entonces “inmorales” e indignas de confianza. Súmese al coro: los partidos son malos.

7) Y finalmente, el día de las elecciones, no vote (lo que en la práctica significa un voto para el PSUV, ya que el espacio que usted dejará en  blanco es potencialmente rellenable, y es el núcleo de las trampas del gobierno). Y después de que la amiga Lucena anuncie esa noche el triunfo del gobierno, vuelva a preguntar desesperanzado: “¿Y cuándo saldremos de esto?”. La cruda respuesta será que puede durar hasta que sigamos cometiendo errores e imperdonables ingenuidades.

La mezcla de radicalismos infantiles con la insepulta antipolítica no alcanza para que sus defensores ganen nada, pero sí pueden impedir el triunfo de quienes apuestan por el cambio político por la vía electoral y constitucional. El único camino al que el gobierno verdaderamente teme.