• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

Al instante

Más torcido que un lebranche

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La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad, rezan las palabras de Epicteto de Frisia, dichas hace incontables siglos atrás. Pocas cosas pueden ser tan ciertas como estas palabras que hoy en día reflejan a la perfección lo que ocurre con el caso de Leopoldo López a causa de las confesiones del fiscal Franklin Nieves. La corrupción en el Poder Judicial, para todos los venezolanos fieles a la verdad y la libertad, siempre ha sido un hecho notorio. No hacía falta la voz trémula de un Eichmann de nuestras tierras para que supiéramos sin duda alguna que el régimen es el dueño y señor de todas las instituciones del Estado. Ese monstruo, por tanto mentir, va arrastrando la lengua por la mugre.

La confesión del corrupto fiscal no fue necesaria para que la verdad fuese de conocimiento público, pero sí fue la baraja que ocasionó el desplome de la torre de mentiras que protege la putrefacción moral del chavismo. Una vez que el penitente decide delatar frente al mundo su complicidad con los mandamases del hamponato rojo para la realización de actos que atentan contra los derechos fundamentales de Leopoldo López, la mentira cruje y se hunde entre los océanos profundos de la infamia. 

Liberar al hombre virtuoso, luego de escuchar a Nieves, sería un paso hacia la reivindicación de la lógica democrática y la moral que el chavismo ha destruido. Nada más podría pedirse después de que la verdad ha abofeteado groseramente al rostro tragicómico del régimen. Sin embargo, sería una novatada ingenua asumir que el régimen obedecerá a la lógica que conduce al reconocimiento de la verdad y, mucho peor, sería creer en la repentina recuperación de una moral chavista que nunca jamás de los jamases han poseído los hampones que desde Miraflores ordenan la destrucción de los inocentes. 

Lo que si resulta evidente, además de que por fortuna no se ve afectado por el cinismo de la oficialidad, es que el caso de Leopoldo López se ha convertido en el evento que ha expuesto ante el mundo la ruina moral del chavismo. El mundo, al contrario del chavismo, no realiza esfuerzos titánicos por ignorar la verdad. El sacrificio de Leopoldo López, Lilian Tintori y su familia, no ha sido en vano.  

Franklin Nieves ha decidido, independientemente de sus motivos cuestionables, sucumbir frente a la moral y, en un acto que confunde el ánimo de los que hoy sufren al régimen, decir la verdad de sus crímenes. Él ha renunciado al régimen y, como lo hiciese Patricio Aragonés en los momentos de su muerte en El otoño del patriarca, novela escrita por el gigante Gabriel García Márquez, le ha dicho al chavismo que “ahí lo dejo por poco tiempo con su mundo de mierda… porque el corazón me dice que nos vamos a ver muy pronto en los profundos infiernos, yo más torcido que un lebranche con este veneno y usted con la cabeza en la mano buscando dónde ponerla”.

@andresvolpe