• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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Los socialistas y su batalla contra el tiempo

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La relación que existe entre el tiempo y el socialismo es extraña, por cuanto que el progreso en los órdenes socialistas es inexistente. Debido a esto, el socialismo, sumido en su ferviente morbo por las utopías, condena la idea de progreso y aboga siempre por el retorno del hombre a sus orígenes, quizás culpa de las creencias de Daniel Defoe, Colón, Rousseau y otros más sobre el hombre americano, del buen salvaje. 

¿Cuántos socialistas latinoamericanos hablan con una nostalgia empalagosa sobre la inocencia perdida en América? Este favor hacia el retorno del hombre ingenuo es lo que ha propulsado, en el imaginario de algunos latinoamericanos, la creencia de que la utopía de la izquierda puede ser realizable en los supuestos pueblos pobres de la América Latina. No obstante, nada está más lejos de la verdad, al ver cómo el ciudadano latinoamericano, tras sufrir el experimento reciente del estatismo y el autoritarismo socialista en Cuba y más recientemente en Venezuela, reniega de la idea de retroceder en pro de la idea de ir hacia delante. El latinoamericano pide democracia y progreso, y no estatismo y retroceso.

Allí radica precisamente el problema para los socialistas anacrónicos, porque ellos, aunque  se gasten el dinero que se gasten en ello, jamás podrán contradecir la concepción del tiempo lineal que ha logrado imponer la democracia liberal y el capitalismo. Cualquier persona piensa en el tiempo como la sucesión de acontecimientos. Idealmente, la noción de sucesión de acontecimientos lleva implícita la creencia del mejoramiento de las circunstancias iniciales. Esto, así mismo, conlleva a equiparar el transcurso del tiempo con la idea de progreso. ¿Cuántas personas ven el desmejoramiento de sus circunstancias como un retroceso? ¿Cuántas veces se ha acusado a Nicolás Maduro de liderar una dictadura retrógrada?

Este retroceso, o batalla contra el tiempo lineal, auspiciada por los socialistas puede verse en todos los ámbitos de la realidad. Es así como el retroceso ocurre en el área de los derechos humanos y hasta en la manera de hacer mercado, desde las nociones de la dignidad humana hasta en las maneras en que se sale de viaje. Y, ¿todo por la utopía que Hugo Chávez se metió en la cabeza?

El buen salvaje como idea puramente abstracta es benévola, pero cuando se toma como política de Estado en el siglo XXI es un crimen contra un pueblo, porque reducirlos a salvajes, quitándoles la oportunidad de progresar en el futuro, es precisamente lo que la dictadura de Nicolás está haciendo con la sociedad venezolana. El socialismo ha despojado al venezolano de su esperanza en el futuro, ya que lo ha condenado a vivir en un presente que amenaza con repetirse incansablemente y, peor aún, con empujarlo hacia el pasado y hacerlo sufrir el sufrimiento de desear un progreso que nunca más podrá venir.

 

@andresvolpe