• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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Andrés Volpe

La guerra intergaláctica y el bigote de Stalin

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Military dictatorship is born from the power of the gun,

and so it undermines the concept of the rule of law

and gives birth to a culture of might,

a culture of weapons, violence and intolerance.

Benazir Bhutto.

Irónico es que la Asamblea Nacional, amarrada al Poder Ejecutivo con un mecate como el del infame misil visto en el despliegue militar, le otorgue al presidente poderes extraordinarios para legislar sin ella. ¿Será que se tomaron en serio aquella aberrante declaración de Samper en la cual afirmaba la existencia de la separación de poderes en el país? ¿De verdad necesita el dictador Nicolás Maduro permiso de la Asamblea Nacional para hacer lo que le da la gana? Desde que mantienen secuestrados a líderes políticos, y los policías asesinan a adolescentes que protestan por la libertad en las calles, se conoce como un hecho notorio el carácter dictatorial del régimen que sufre Venezuela.

Triste es ver cómo algunos opositores han malentendido el problema y han sido consumidos por la falsa dicotomía auspiciada por la dictadura: Venezuela vs. Estados Unidos. Las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano apuntan hacia los corruptos revolucionarios que, mediante el robo descarado y la sinvergüenza que creen les otorga el cargo, incurren en delitos dignos de ser sancionados internacionalmente. Mal podría creerse que ellos son la patria, Venezuela, y que todos nosotros, los venezolanos, somos una amenaza para Estados Unidos. Quizás Barack Obama pecó al no ser más específico en su declaración, como afirma Carlos Alberto Montaner en su artículo “Historia secreta de un conflicto inevitable”, pero el objetivo es claro y no debe ser malentendido por aquellos que sufren las injusticias de la dictadura. ¿Será que nos estamos acostumbrando a la ignorancia de Nicolás?

La Ley Habilitante Antiimperialista, incluso promulgada preservando una legalidad hueca, es un instrumento que destruye cualquier pretensión democrática, más aún bajo el falso argumento de la defensa de la patria. Ya advierte el abogado Alberto Arteaga Sánchez que hay elementos, dentro de la amplitud e imprecisión conceptual en la redacción del instrumento, que están siendo dirigidos hacia la supresión de la disidencia interna. No debería causar ninguna sorpresa entonces que esta Ley Habilitante Antiimperialista no sea usada para atacar a los monstruos que se le presentan a Nicolás en sus delirios de guerras intergalácticas –¿hacia dónde apuntarían las armas?–, sino para la represión sistemática de todo aquel que, convencido en los principios democráticos, piense diferente y denuncie a Nicolás como el criminal que confiesa ser. Sobre todo, luego de que, en un ánimo grotesco y burdo, comparara su bigote con el de Stalin. ¿Será que nadie le dijo alguna vez que Stalin fue el responsable de una hambruna que acabó con la vida de más de 5 millones de ucranianos? Un chiste muy pesado para el venezolano que empieza a morir haciendo colas para comprar alimentos escasos. 

Así mismo, resulta preocupante que, mediante esta Ley Habilitante, el discurso oficial ahora pretenda separar a los venezolanos entre patriotas y traidores, ya que el traidor siempre es deshumanizado. Vieja técnica socialista la de deshumanizar al oponente para asesinarlo sin remordimiento. Quizás Roy Chaderton pueda decirnos nuevamente cómo es que suena una bala al atravesar la cabeza de un opositor. No obstante, independientemente del ruido que haga, la Ley Habilitante Antiimperialista pretende poner al país en alerta de guerra, donde los asesinos del régimen dispararán bajo el argumento de proteger a la patria del imperialismo invasor, del espía imperialista que puede ser un John Smith o un Pedro Pérez, un demócrata o un comunista arrepentido, un sifrino del Country o alguien que no consiguió pollo después de hacer una cola por más de tres horas; no importa, porque el traidor no es gente y la cabeza seguramente le suena hueca, si se sigue la lógica de los voceros de la dictadura.

La dictadura sigue en camino hacia la radicalización y este instrumento es un escalón más en la escalera que Nicolás construye, bajo el tutelaje de sus gurúes cubanos, para ascender hacia el dominio total del país por medio de la militarización. Si bien el despliegue militar estuvo plagado de eventos tragicómicos y, sin lugar a dudas, echan por el suelo cualquier posibilidad real de resistir una invasión armada por parte de alguna potencia extranjera, el régimen tiene suficiente fuerza bruta para reprimir a los demócratas desarmados y pacíficos a nivel interno. Por ende, una vez allá arriba, no hay nadie quien lo baje de esa nube, sino los mismos militares que, con bozal de arepa, le construyeron los peldaños.

 

@andresvolpe