• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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El gobierno y los falsificadores de la palabra

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Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate.

Dante Alighieri 

El Canto Trigésimo del Infierno de Dante Alighieri es dedicado a los falsificadores. Es uno de los círculos del infierno donde se puede encontrar una de las simbologías más fuertes en cuanto a los vicios humanos. El pintor William-Adolphe Bouguereau nos muestra una versión realista de la creación del poeta Alighieri, en la cual el alquimista Capocchio es mordido ferozmente en la garganta por Gianni Schicchi mientras trata de repelerlo jalándole el pelo. Una escena de un Mercal cualquiera cuando llega un producto presumido extinto. No obstante, los esfuerzos son inútiles porque Schicchi tiene todos los dientes profundamente hundidos en la garganta de Capocchio mientras lo ataca rompiéndole la espalda con una rodilla, le rasguña el costillar derecho y le toma el brazo con su mano derecha. Capocchio no tiene otra opción que dejarse devorar el cuello. Virgilio y Dante miran con horror. Al fondo, un demonio se cruza de brazos y sonríe. A lo lejos, se puede ver la tragedia de los que caen en ese lugar entre grietas de lo que vislumbra como fuego. Es tal la desesperación que a cualquiera se le agua el guarapo.

Ese es el destino de los falsificadores y, entre ellos, de los falsificadores de la palabra. Es decir, los embusteros. Tan cierta es esta aseveración que Dante les guarda una que otra línea y así es como conocemos que, entre otros, Sinón se encuentra allí, padeciendo fiebres eternamente, luego de haber engañado a los troyanos y convencerlos de aceptar el Caballo de Troya para así proporcionarles su muerte y destrucción.

Quizás algunos se sientan ofendidos, pero les aseguro que los falsificadores de la palabra conocidos y evidentes son los del gobierno, aquellos que persiguen a los médicos por informar de una crisis de salud en el país. Siéntanse aludidos ustedes, los que le mienten al venezolano y hacen de la salud pública un debate político vergonzoso. Ahora bien, no es que les desee el infierno, pero quizá sí una rodilla de Schicchi, porque la desinformación es letal cuando de pestes se trata, por no hablar de los derechos constitucionales que es notorio que nada les importa. Pero, ¿qué podemos hacer? El monopolio informático lo aseguró el gobierno y solo queda el mercado negro de las redes sociales. La enfermedad solo existirá cuando el gobierno decida que exista.

Decir la verdad en Venezuela es un acto de terrorismo, o eso pretenden que entendamos. Esa quizá sea la única verdad que explícitamente el gobierno admite, porque no se puede esconder que la peste emana de Miraflores y así las palabras de Dante: Una mintió a Josefo y su marido/ otro es Sinón en Troya mal famado:/ y es su vapor, su aliento corrompido. Y qué corrompido está el aliento del presidente y sus allegados que sufren las fiebres y los delirios de ideologías resecadas. Construyen utopías tan maltrechas que solo provoca sino invocar a Jorge Luis Borges para explicar a Maduro: hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía que solo es tiempo. Y solo falta tiempo para comprobar que en socialismo cuando el gobierno falla, todo falla. Así a cualquiera se le agua el guarapo.

Mientras tanto, Virgilio y Dante miran con horror.

@andresvolpe