• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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La convicción de los suicidas

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Nosotros siempre la hemos tenido difícil. Los seres humanos somos de condición frágil, susceptibles a enfermedades, y comparándonos con la naturaleza, de vidas cortas. Somos seres destructibles. La existencia de la vida no es incondicional; al contrario, la existencia del individuo depende de la realización de acciones que garanticen su mantenimiento en la realidad. Por eso, nosotros siempre enfrentamos y tomamos decisiones basadas en alternativas que se hacen presentes. Normalmente, nos decantamos por la opción que, a excepción de los suicidas, nos prometen la supervivencia. Nuestra naturaleza siempre será la de sobrevivir, ya que es la condición intrínseca de todo organismo vivo. Esta condición nos lleva a concluir que nosotros, los seres humanos, debemos tener la vida como valor absoluto.

Al tener un valor absoluto claramente identificado, discernir entre el bien y el mal se convierte en una tarea relativamente fácil. La evaluación del bien y del mal se hace en relación con cómo una opción o acción que realizamos nos ayuda a preservar y/o mejorar nuestra vida. De esta manera, nuestra vida se convierte en el patrón de valor con el cual analizaremos al mundo. Esta lógica desata inmediatamente una multitud de conclusiones posibles en los diferentes campos de pensamiento, en las ciencias y, sobre todo, en nuestra manera de comprender la sociedad.

Groseramente se resume de esta manera parte de la filosofía de Ayn Rand como ella la escribiera en The Virtue of Selfishness en 1964. La escritora de origen ruso, llega a Estados Unidos en 1925 para años después ser una de las escritoras más influyentes luego de publicar The Fountainhead y Atlas Shrugged. En sus obras siempre está presente la lucha del individuo contra el colectivismo, narrando de esta manera una filosofía que busca enaltecer la existencia del individuo como esencia de toda sociedad y la libertad como condición necesaria para la realización del ser humano. Su genio prodigioso la lleva a escribir, como consecuencia de la publicación y éxito de sus novelas, ensayos en los cuales explica con un lenguaje certero su propia filosofía: el objetivismo

El objetivismo plantea, entre otras cosas, lo siguiente:

“El principio moral básico de la ética objetivista consiste en que, así como la vida es un fin en sí mismo, también lo es cada ser humano y este nunca podrá ser un medio para garantizar el bienestar de otros. Por lo tanto, el hombre debe vivir por su propio bien sin sacrificarse a sí mismo por otros ni a los otros por él; vivir por su propio bien significa que la consecución de su propia felicidad es el propósito moral más alto para él”. (Traducción propia; The Virtue of Selfishness, 1964).

Ayn Rand, por lo tanto, establece que el individuo es la unidad social más importante y no, como se empeñan en decir los colectivistas, el colectivo. Esta máxima nos lleva a analizar al Estado y la justificación de su existencia en la sociedad. Habría entonces que preguntarse, ¿cual es el propósito moral del Estado dentro de la filosofía objetivista? Por supuesto que en ningún momento puede ser el de implementar un plan de ingeniería social, tal y como presumen los filósofos que aseguran que el Estado es un fin en sí mismo. Aquellos que sostienen este postulado, lógicamente aceptan la existencia de regímenes totalitarios, por lo que lógicamente aprueban la existencia de regímenes como el chavista. La revolución chavista, al menos en el plano ideológico, siempre ha abogado por el chavismo como fin en sí mismo. Esto puede verse reflejado en la realidad ineludible del venezolano. El bienestar del individuo, entendido como el ciudadano venezolano, ha sido reemplazado por el bienestar del chavismo como élite que ejerce la violencia. No obstante, lo más triste e insólito es que a lo largo de la historia venezolana la mentalidad colectivista, expresada siempre por un rechazo hacia el individualismo en todas sus formas, ha sido la filosofía preponderante.

No obstante, el propósito moral del Estado según la filosofía objetivista es el de proteger los derechos del individuo, lo cual incluye protegerlo de la violencia física. El Estado debe ser el que garantice la vida del individuo, su libertad, la capacidad de hacer valer sus derechos de propiedad y coadyuvarlo en la persecución de su propia felicidad. Por lo tanto, el Estado existe solamente para permitir al individuo disfrutar de sus derechos inalienables y, al momento de fallar en estos cometidos, deja de justificar su existencia por el solo hecho de que los derechos del individuo originan por su propia naturaleza y no por acción del Estado.

Esto, por supuesto no ocurre en Venezuela. El chavismo siempre ha actuado de manera contraria a estos postulados. El Estado para ellos, según han demostrado, es un instrumento por medio del cual ellos ejercen violencia sobre el individuo y garantizan su propia supervivencia en detrimento de la vida de los demás. La anarquía que han desatado por consecuencia de su actuar criminal atenta contra el valor absoluto del objetivismo: la vida. La grave crisis económica que han causado y que ha forzado a los venezolanos a las calles para soportar largas horas de colas para conseguir alimentos, así como la reducción del poder adquisitivo, entre otras catástrofes económicas, atenta contra la dignidad de la vida y el propósito legítimo de todo individuo en conseguir su propia felicidad.

Por lo tanto, Ayn Rand nos brinda una herramienta para analizar la realidad del país de una manera racional y coherente con nuestra condición. El objetivismo nos permite ver claramente que todo aquel que siga apoyando al chavismo por convicción propia de sus postulados es un suicida o un necio. El chavismo ha puesto en peligro la vida de todos los venezolanos que hoy en día se mueven nerviosos, atentos al olor a pólvora, o temiendo el hambre que amenaza con propagarse desde el vacío de los anaqueles. Apoyar el chavismo, hoy en día, es atentar contra la supervivencia del venezolano.

 

@andresvolpe