• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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El chavismo, la muchedumbre electoral y el capitalismo

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“Es la transferencia de poder al pueblo. Eso es vital para lograr la solución de todos esos problemas. Eliminar totalmente la miseria, la pobreza y todos los problemas que nos dejaron 200 años de capitalismo en Venezuela”. Hugo Chávez.

 La desaparición de la miseria humana es la premisa que sostiene la idea de progreso, ya que la humanidad vuelca su intelecto hacia el mejoramiento de sus condiciones naturales. El capitalismo es el único sistema por medio del cual la creación de riqueza puede hacerse de manera sostenible, continua y generalizada, ya que, a lo largo de la historia moderna, este sistema ha proporcionado a la humanidad los medios para el funcionamiento de una sociedad en la cual la erradicación de la pobreza es posible. Así lo establece Ludwig von Mises en su obra La mentalidad anticapitalista, cuando dice que “una economía de mercado resulta incompatible con aquellos grandes señores feudales y poderosos caballeros que, otrora, mantenían sometido al pueblo”. De la misma manera continua y arguye que “el hombre de la calle, bajo el capitalismo, disfruta de bienes desconocidos en tiempos pasados, que, por ello, resultaban entonces inaccesibles incluso para los más ricos”. La última frase resulta especialmente relevante en Venezuela cuando pensamos que, luego del desbarajuste chavista, cualquier bien es ahora inaccesible para cualquier venezolano.

El sistema de producción capitalista se apoya sobre las instituciones de la propiedad privada y el Estado de Derecho para su correcto funcionamiento, ya que solo mediante dichas condiciones es posible la creación de una riqueza legítima. Ahora bien, mal podría obviarse aquí los defectos o los problemas que han surgido del capitalismo en sus diversas aplicaciones, y así lo demuestran los intentos por renovarlo y adaptarlo a las exigencias del presente; pero dudar de los méritos de un sistema basado en la libertad y una sociedad libre, es argumentar en contra de la capacidad de la humanidad para garantizar su progreso y en contra de los derechos fundamentales del individuo auspiciados por los sistemas liberales, esenciales para detener el siempre amenazante peligro del poder absoluto y su empeño por acabar con la vida en libertad.

No resulta sorprendente entonces que el chavismo aborrezca el sistema económico capitalista, ya que ellos están empecinados en destruir la noción del individuo libre para suplantarlo con la del esclavo, ellos están empecinados en ir hacia la erradicación de la idea de progreso para suplantarla por el estancamiento que produce la miseria del sistema económico de producción socialista. El desmontaje del sistema liberal, cambiando la organización del Estado y destruyendo los cimientos sobre los cuales se apoyaría el capitalismo, ha sido llevado a cabo de una manera sostenida mediante la promoción de una supuesta democracia participativa y protagónica.

No obstante, esa falsa democracia protagónica chavista para garantizar el empoderamiento del pueblo, ha servido como un instrumento narrativo, una mera herramienta discursiva, de una tiranía criminal, emuladora de los peores regímenes del mundo. Fue por medio de discursos demagógicos anticapitalistas y antiliberales que Hugo Chávez atrapó a la muchedumbre para perpetrar la destrucción malsana de la república que heredaba de Rómulo Betancourt, aunque se empeñase en decir que arreglaría los desmanes de 200 años de historia capitalista venezolana que nunca existieron ni han existido. Peor aún, Nicolás Maduro ahora va mucho más allá y recurre a una estupidez agresiva para revitalizar un discurso viejo y derrotado como lo es el discurso soviético, aquel en el cual se combate la realidad para suplantarla con una matriz de falacias que buscan construir ficciones sobre las cuales la dictadura opera y pone en funcionamiento sus políticas socialistas de dominación totalitaria.

La posibilidad de sostener esta narrativa chavista, articulada por una neolengua que evidencia la ignorancia y el desprecio por la verdad, resulta cada vez más difícil para la tiranía. Si bien los descontentos internos todavía no pueden ser medidos en derrotas electorales para la dictadura, internacionalmente ya se denuncia abiertamente, por medio de diferentes instancias oficiales, el carácter antidemocrático y retrógrado del régimen que lidera Nicolás Maduro. Sin embargo, el descontento de la sociedad venezolana con la dictadura de Maduro todavía no se ha traducido en hechos políticos concretos, como, por ejemplo, en mayorías contabilizadas de manera oficial a través de resultados electorales, ya que todavía no se han podido activar los mecanismos para ello.

No obstante, incluso teniendo la oportunidad de activar estos mecanismos, como lo son las próximas elecciones parlamentarias, debe ser tenido como obvio que el chavismo, sabiendo y previendo su presente debilitamiento popular, ha construido una muchedumbre electoral para el aseguramiento de las victorias, estúpidamente llamadas, democráticas. La premisa de este argumento parte del convencimiento de que el fraude electoral no puede realizarse solo mediante una alteración electrónica de los resultados, sino mediante la creación de una multitud de seguidores organizados que irracionalmente entreguen su voluntad y organicen la entrega de otras voluntades a la voluntad del partido socialista.

Esta muchedumbre se ha ido construyendo por medio de la organización y registro sistemático de la ciudadanía que participa y disfruta de los programas sociales llevados a cabo por el Estado comunal. De la misma manera, se ha llevado a cabo mediante la conformación de grupos o movimientos que emulan los originales círculos bolivarianos y han dado paso a las unidades de batalla electoral y otros grupos que concentran todos sus esfuerzos hacia la movilización y control de los electores. El perfeccionamiento del control de la muchedumbre electoral se ha dado con la creación de los consejos comunales como bases territoriales que dependen, para su funcionamiento y financiación, del Ejecutivo nacional.

Esta realidad corrobora la afirmación que se hace sobre el chavismo y su necesidad de la pobreza como herramienta política para su subsistencia en el poder. Las misiones y demás programas sociales, así como todas las estructuras del Estado comunal como herramientas de control, son solo posibles dentro de un esquema de pobreza y miseria en el cual la dictadura es el único organismo capaz de proveer, aunque sea mediocremente, alivios temporales a la ciudadanía. En consecuencia, perpetuar la pobreza y la miseria mediante estructuras comunales, así como atribuirle las causas de los males a la oposición, deshumanizándolas en el proceso, son los elementos que hacen posible la permanencia en el poder del chavismo por vías electorales.

En cambio, el capitalismo, como sistema económico en un Estado liberal, busca todo lo contrario. El enriquecimiento de la sociedad, así como el empoderamiento de esta por medio de un mejoramiento de la calidad de vida, son los objetivos que el capitalismo busca cumplir para el aseguramiento de la democracia. En un sistema de libre mercado, el Estado no tendría el dominio total de los medios de producción, por lo que el individuo no estaría atado a este para su supervivencia. Por el contrario, el individuo sería capaz de deslastrarse del Estado, minimizándolo tanto sea posible, para que este solo cumpla con las funciones necesarias para la garantía de los derechos fundamentales. Además, en un sistema político libre y competitivo, una administración tan deficiente, mediocre y destructiva como lo es la chavista, no sobreviviría por mucho tiempo, ya que se extinguiría como opción real frente a la ciudadanía. Cuando el individuo es libre del Estado y puede por sí mismo garantizar su vida, es cuando, sin lugar a dudas, él puede elegir, no como muchedumbre, sino como un ser humano libre.

 

@andresvolpe