• Caracas (Venezuela)

Andrés Volpe

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Nicolás, el monigote de la dictadura

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Ya podemos ver a través de las costuras rotas del galáctico cómo el socialismo del siglo XXI funciona. Este modelo no tiene contenido ideológico, pero sí sentido práctico. Es una herramienta de los peores criminales de la historia venezolana para institucionalizar el robo, el saqueo, la desidia y la ignorancia. Ellos han seguido la máxima, seguramente sin conocerla, que una vez dijera el periodista y novelista George Orwell: Uno no establece una dictadura para salvaguardar la revolución; uno hace la revolución para establecer una dictadura. Y es que estos criminales, mal llamados gobierno instituido, son duchos en hacerse los suizos o ponerse el manto de los redentores mientras roban y asesinan.

Mal podríamos haber esperado algo diferente de los socialistas que asesinaron la democracia, porque eso sería como pedirle peras al olmo. Ellos son el refrito de los peores, y por eso es que los cubanos los llevan de la mano. Carecen de inventiva y de creatividad, incluso cuando se trata de mandar. No obstante, ellos ahora se han vuelto una élite poderosa que huele mucho a aristocracia rancia, sosteniéndose sobre los hombros de los hombres esclavizados al Estado. Quizás habría que concederles que su explotación no depende de clases, porque han reventado al país entero sin miramientos ni distinciones. La nueva élite es el peor fantasma que ha recorrido las tierras del país. Han sumido en la miseria a una sociedad entera, mientras ellos buchones miran con Nerón cómo arde Caracas.

Sin embargo, lo que más desconcierta es el dictador que se ha dedicado a ser el hazmerreír del tinglado que han montado. Este pobre hombre es forzado, quizás lo haga a conciencia, a decir y hacer idioteces para entretener al venezolano que nunca deja pasar una buena oportunidad para burlarse del otro. Así va este hombre que sufre de idiocia, de declaración en declaración, de palabrita en palabrita, banalizando la miseria que imparte a diestra y siniestra. Ahora sabemos, sin lugar a dudas o confusiones, que Nicolás Maduro fue escogido para representar el papel de monigote que nadie más quiso, y quizás ni pudiera hacer.

Aquí no se inventa ni se juega con las palabras, porque bastase solo con repasar los acontecimientos del pasado 12 de febrero para sentir el peso de la verdad. El hazmerreír cumplió con su papel ese día al denunciar una vez más los delirios de un golpe que le otorgan la importancia que nadie le ha concedido. Sin embargo, ese mismo día, los verdaderos hombres de machete en mano de esta dictadura se acomodaban un buen guiso con el Sistema Marginal de Divisas, al dar su propio golpe y cantar un 170 que voló más alto que cualquier posible Tucano artillado. 

Ya que la bonanza petrolera es solo un recuerdo de cuando papaíto estaba vivo, los revolucionarios ahora se aseguran la tajada por medio de un sistema cambiario que es solo posible en un modelo tan práctico para la corrupción, como lo es el socialismo del siglo XXI; sin mencionar, por supuesto, la riqueza ilícita del narcotráfico. El colmo de ello es que hay que concederles la inteligencia de ser capaces de sobrevivir en tan precarias circunstancias, ya que, por los momentos, han sabido mantener los cañones de las fuerzas armadas en la dirección opuesta a sus cuerpos. Aunque, quizás no pueda decirse lo mismo del hazmerreír que, de risa en risa, se hunde más en su propio estiércol.

Cosas veredes que farán fablar las piedras.

@andresvolpe