• Caracas (Venezuela)

Andrés Felipe Altamar Lambraño

Al instante

Lo verde, por lo verde

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Se secan los ríos, se quiebran los polos, se abre la tierra, desaparece la capa, panes diarios, noticias de mi generación, generación de los intentos. Hoy más férrea que nunca la madre comienza a mostrar las molestias causadas por la misma humanidad; no obstante, de la forma más cruda se diluye como agua entre los dedos, lo virgen, lo natural, y ni adentrar del verde. Por otra parte la reflexión sobre lo que se viene ha movilizado sin número de proyectos y campañas que han traído consigo cambios significativos en estructuras mentales. Resulta complejo interiorizar que el sistema en el que vivimos nos hace automáticamente en patrocinadores “cómplices directos de la destrucción”. ¿Cómo no desempacar un alimento y no fomentar residuos? ¿Cómo moverse sin gasolina? ¿Cómo no dañar siendo parte del sistema? ¿En dónde quedó la sostenibilidad? Pareciéramos estar destinados a seguir con el “juego”.

Es importante recordar que son muchas las personas que han desarrollado grandes hábitos e incluso admirables habilidades respecto a la reutilización y la equitativa administración de los recursos; no obstante, es realmente necesario que empecemos a ser equilibradamente responsable con la naturaleza. Ahora bien, es pertinente señalar el origen del problema, pues las dificultades ambientales actuales al igual que cualquier problema, tienen un origen que lo determina. 

El gran error de la humanidad fue darle la administración de la naturaleza a la economía, pues es la economía una bestia indomable e insaciable, que tiene de rodillas a todos los que de ella dependan, sin importarle dimensiones entre “gobiernos, empresas o individuos” debido a que cada día la dependencia aumenta a causa de que somos partícipes de un sistema netamente mercantil, donde a todo se le conoce precio y se desconoce su valor, hoy la “sabiduría” del hombre se ve reflejada en las consecuencias irreversibles que le hemos causado a la naturaleza, hoy el verde natural ha sido desplazado por el verde de los billetes, billetes que no alcanzan a comprar una vida, pero que pagan guerras, fraccionan pueblos, y patrocinan el hambre.

Por otra parte hablar de soluciones resulta paradójico, porque aunque se tienen, se desarrollan y se conocen, los mismos intereses de los que manejan a dedillo el sistema, impiden que los cambios radicales se lleven a cabo, sustentado por los altos costos de su “inicial sostenibilidad”.

Hoy solo queda observar el desenlace como protagonista o antagonista, como solución o como parte del problema, como menos o como más; el alto en el camino debería ser nuestra obligación, pues hace mucho tiempo se nos hizo tarde para equilibrar las cosas, y darle valor a lo que realmente lo tiene, y mientras todo esto pasa, se seguirán cambiando billetes por hojas, en esa feroz disputa entre los verde, por lo verde.