• Caracas (Venezuela)

Andrés Felipe Altamar Lambraño

Al instante

El poder del discurso

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Cuando se hace referencia al término “discurso”, es muy usual que lo primero que llega al pensamiento sea un elaborado escrito y un enérgico orador dándole vida, producto a su vez de las fuentes “diccionarios”, que categorizan este término como un conjunto de argumentos expresados de manera escrita y oral; ahora bien, si sacamos este término del papel y lo comprendemos desde la praxis, notaremos que puede ser una poderosa herramienta, profunda y versátil para quienes son sus receptores.

La importancia del discurso radica en la carga de sensaciones que puede llegar a producir la mezcla entre la emotividad y carisma de un orador junto a un discurso bien estructurado, generando un gran impacto; tal expresión puede quedar imborrable en el tiempo y recuerdo de las personas a las que les fue participes, un buen ejemplo de esto lo encontramos en uno de los discursos más recordados “I have a Dream” o “Yo tengo un sueño” de Martin Luther King, este discurso pasados los años sigue dando de qué hablar por la marca que dejé en una nación como Estados Unidos; en este ejemplo podemos dimensionar que algunos discursos no tienen límites, alocuciones de estas características pareciera no aplicarles aquel refrán popular de: “Las palabras se las lleva el viento”, no obstante la pertinencia de señalar lo anterior también se encuentra en la compresión de un alocución como la semilla que genera algún tipo de identidad o movimiento social.

Ahora bien, si partimos de que el discurso es una herramienta de gran versatilidad, se podría matizar desde la polaridad de los pensamientos políticos el uso de esta herramienta desde el plano de la información, organización y distorsión de algún tipo de información. Los hombres que han marcado la historia para bien o para mal lograron el éxito de sus movimientos en parte gracias a su capacidad de liderazgo condensado en un discurso, es oportuno señalar que esta organización de ideas cuando es llevada a su punto cumbre puede llegar a movilizar masas encauzadas en determinado objetivo, si se puntualizara en alguna de las más crudas tragedias armamentista de la humanidad, notaremos que la intención de los discurso llevó a muchas de estas.

Líderes como Hitler y Stalin llegan a mostrar los fondos más espeluznantes de la degradación humana desde la aceptación e imposición de un discurso, finalmente lograron dejar una negativa e indeleble huella en la historia global; no obstante, los actores históricos antes citados comprendieron que parte del éxito deseado lo podrían llegar a conseguir potencializando sus discursos, partiendo de que este relato es lo que determina en las percepciones de las personas.

Comprendiendo que el discurso es un instrumento poderoso para cualquiera que sea su orador y analizándolo desde lo sutil que puede llegar a ser cuando la emotividad y carisma se encuentra adherida a este, se puede inferir que este conjunto de ideas condensadas cuando son aceptadas y afianzadas por las masas pueden generar cambios e iniciativas sociales positivas o negativas. De alguna manera nos comenzaremos a cuestionar qué tan sensibles hemos sido ante los discursos y qué tan permeadas han estado nuestras ideas por los mismos, sin adentrar en la reflexión de qué tan desgastados están los discursos que siguen sosteniendo nuestros dirigentes.

 

@historiaaltamar