• Caracas (Venezuela)

Andrés Felipe Altamar Lambraño

Al instante

La necesidad de adoración

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


Toda cultura, pueblo y nación, sin importar tiempo, dialecto o región, ha dejado prueba tangible y legado generacional de adoración, evidencia del respeto y rendición ante un ente superior. Gran parte de la arquitectura del pasado está cargada de códigos entre lo supremo y lo terrenal, códigos que aun en la actualidad siguen siendo de investigación; no obstante, e independientemente de los vacíos en temporalidades y espacios latitudinales, es notorio los muchos parentescos entre diferentes culturas y civilizaciones, de las cuales podríamos centrarnos en los siguientes tres puntos: primero, la existencia de un ente superior, “poderoso y distante a nuestra naturaleza”,  segundo, la necesidad de adoración a este ser supremo, y por último, la necesidad de brindarle tributo material, como argumento de “honra”.

Es indiscutible la convicción que tenían las sociedades siglos atrás, frente a lo divino, y en particular su vínculo con lo terrenal. Cada civilización se muestra esforzada en dejar estructura y legado frente al tema espiritual, ahora bien, después de matizar los argumentos antes mencionados es difícil no preguntarse: ¿realmente el individuo tiene una necesidad de adoración? Y si es esto cierto, ¿qué lo produce? ¿Un vacío interior? o acaso puede ser ¿la necesidad de sentirse estable?, por otra parte es pertinente considerarlo como una “necesidad conveniente”, es decir, todo podría simplificarse finalmente en la carencia de un salvador supremo, que cumpla el papel de protector, y ayudador de las múltiples necesidades de la humanidad, ya sea desde el individuo, o desde la vida en sociedad.  

Es posible que la paz interior nos falte, y por ende la hemos buscado a lo largo de la historia, hoy por hoy, los credos están vigentes, y las diferencias siguen siendo evidentes, las disputas referentes a qué crees tú y qué creo yo, lastimosamente siguen estando a flor de piel. Si comprendemos los credos del mundo actual notaremos que muchos de los actuales dogmas de fe se encuentran condensados en mayor volumen en tres grandes religiones, en las cuales podemos mencionar dentro de las más importantes: el hinduismo, el islam y el cristianismo, este último con mayor número de fieles, partiendo de la unión en dígitos entre los cristianos protestantes y los cristianos católicos “esencia de nuestra tierra”, corroborando de alguna manera esa “necesidad permanente” respecto al siempre vínculo entre lo terrenal y lo espiritual.