• Caracas (Venezuela)

Andrés Felipe Altamar Lambraño

Al instante

La deconstrucción de los monumentos

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En nuestros días, es usual ser bombardeados con un sinnúmero de publicidades que nos incitan al consumo. Los tiempos han cambiado, hoy las invitaciones a consumir no se limitan a una endeble publicidad callejera o fugaz comercial televisivo, actualmente toda la tecnología se alinea (casi que se confabulan) con un singular propósito llamado “marketing”. Ahora bien, cuando se habla de mercadería es inevitable no pensar en consumo, demandas y productos; si partimos de esta última categoría notaremos que la competitividad y la innovación se encuentran a la orden del día. Lo interesante de adentrarse en estas dinámicas se encuentra en comprender que el abanico de servicios y artículos crece de manera desproporcionada. Para facturar no hay límites.

En el presente un sector que se ha dinamizado en todas las latitudes, y en gran parte gracias a la globalización, es el sector turismo, que se encuentra muy sólido en temas de rentabilidad y viabilidad, y no solo por su velocidad generando activos, sino en la gran cantidad de empleos directos e indirectos que este genera; por otra parte, es pertinente señalar que este sector se centra en vender comodidades, experiencias y la oportunidad de conocer lugares; cabe resaltar que este sector turismo ha tomado los aspectos culturales como argumento de atracción para sus clientes.

Es necesario entender que las personas, cuando deciden invertir su tiempo de vacaciones en determinado lugar, lo hacen motivadas por su interés de descanso, recreación e incluso por el interés particular de conocer otras culturas y lugares, y son estos motivos los que finalmente se materializan en lo vivido y a su vez en lo “facturado”, no obstante, los lugares toman un valor “significativo” dentro de esta vivencia, pues son estos espacios los que finalmente terminan atrayendo a los visitantes.

Para comprender la relevancia histórica y cultural de los escenarios es indispensable entender las dinámicas que han afectado a estos desde sus inicios hasta el presente; es indiscutible que estos monumentos guardan un valor por ser epicentro de grandes acontecimientos o en su defecto por rendir algún tributo; no obstante, y no menos paradójico a lo expuesto anteriormente, es esta misma importancia la que afecta a estos escenarios. A pesar de las diferentes leyes que incitan a la conservación de los mismos, estos lugares afrontan una “crisis”, sus problemas se encuentran en la incomprensión de su relevancia como foco de acontecimiento. Lastimosamente los lugares emblemáticos y distintivos de los diferentes pueblos y naciones (la Estatua de la Libertad en Estados Unidos, la Torre Eiffel en Francia, la Gran Muralla china y el Cristo Redentor en Brasil, solo por mencionar algunos monumentos) han quedado resumidos a los “me gusta” de las miles de fotos (Braggie - Selfie - Usie - Couplie, entre otras) que bombardean las redes sociales cada segundo. Es oportuno señalar que en muchos casos lo que mueve a las personas a la publicación de su visita a estos lugares no es su interés de acercarse al conocimiento, sino la motivación de aparentar sus viajes y vivencias con sus amigos y familiares.

Por otra parte, se podría suponer que con la visita a los lugares emblemáticos se debería conocer parte de la cultura, bailes y comidas típicas, arraigos generacionales, artesanías y demás; no obstante, y para desdicha de la conservación cultural, gran parte de las expresiones de los nativos de estos espacios se han visto permeadas por la necesidad de vender y por las tendencias contemporáneas, distorsionando de alguna manera la esencia de la cultura y del lugar, este aspecto no solo debe ser analizado, es necesario que se le dé el valor que merece, y se trabaje en pos de eso.

La cultura debe ser férreamente conservada, porque en ella se encuentran las expresiones de la misma humanidad, y convertir el monumento en un simple sitio de visita sería denigrar o poner en juego la identidad.

Es necesario que todo el sector turismo se preocupe de la armonía y de una preservación seria no solo de los lugares, sino de las “costumbres y vivencias”. Si bien es cierto que el turismo cultural tiene un enfoque armonioso es pertinente que el cuidado trascienda y que la crisis sea preocupación de turistas, nativos y empresarios.