• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Los riesgos de esta transición

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Estamos en Venezuela en medio de una clara transición política, que tiene como característica principal la incertidumbre. Ningún analista sensato podría decir hoy cómo va a ser el desarrollo próximo de las acciones políticas que nos esperan, y en verdad estamos en medio de serias preguntas sobre nuestro destino como nación, en el corto y mediano plazo. Estamos atravesando un período complicado y peligroso, ya que el viejo poder que representa hoy el chavismo está francamente de retirada, pero la nueva opción de poder no termina de vislumbrarse, desconocemos aún el cómo y el cuándo de este proceso que debería desembocar en el cambio político.

El pasado 6 de diciembre constituyó el punto de inflexión y puede considerarse ciertamente como una fecha cierta de inicio para esta transición en la que estamos. Los resultados de las elecciones parlamentarias dejaron al desnudo la condición de minoría del chavismo, un hecho inédito en más de tres lustros. El primer semestre de 2016 gracias a los errores económicos y políticos del presidente Nicolás Maduro se ha profundizado la brecha que hoy separa al chavismo de la mayoría popular.

La profundización de la crisis económica, que el venezolano común ya entiende como producto de las políticas de Maduro, ha potenciado la crisis política. Junto a esto, las respuestas políticas de Maduro, desconociendo la voluntad popular y cercenando a la Asamblea Nacional, terminan de hundirlo en materia de opinión pública. Maduro concentra un nivel de rechazo y desaprobación que supera a 80%, un porcentaje no registrado para un gobernante en Venezuela desde la época del ocaso político que vivió Carlos Andrés Pérez en su segundo e inconcluso gobierno (1989-1993).

De forma resumida, el momento actual presenta al menos tres riesgos para la transición en marcha: el primer riesgo es que se consolide una salida militar (y no hablo en estricto sentido de un golpe militar); el segundo es que todo cambie para que nada cambie y el tercero que termine produciéndose el cambio pero que lo capitalice un outsider sin una agenda clara de re- institucionalizar al país.

Las recientes decisiones oficiales de colocar al frente del abastecimiento de alimentos al propio ministro de la Defensa y la profundización del carácter militar del gobierno de Maduro son sin duda un riesgo de consideración para que la transición desemboque en un cambio democrático. Los militares pasan a controlar no sólo la capacidad represiva (que se ejerce de forma clara para acallar las protestas por falta de alimentos, por ejemplo) a tener el control sobre lo que genera malestar social en este momento (la ausencia de alimentos). Es una dinámica que está en pleno desarrollo y que habrá que seguir con atención.

El chavismo juega al cambio sin que nada cambie, por eso insiste en que no hay tiempo de hacer el referendo revocatorio este año. Si la consulta popular tiene lugar en el primer trimestre de 2017 el chavismo votaría en contra de Maduro, al que podrían acusar de todos los males nacionales, mientras que el presidente de la transición efectiva pasaría a ser un chavista. El gran riesgo para todo el país es que la falta de cambios efectivos, más allá de que se haga el revocatorio, es que este proceso desemboque en la violencia generalizada (hasta ahora los saqueos han sido focalizados) con un costo social y humano difícil de predecir.

El clima a favor del cambio hoy en Venezuela no debe entenderse como una chequera en blanco a favor de la Mesa de la Unidad Democrática. Creo que algunos líderes opositores así lo han entendido cuando remarcan que el revocatorio es de la gente y no de la alianza opositora. Estamos en un punto de quiebre donde si bien la mayoría quiere un cambio, el modelo que vendrá no termina de estar claro ni para la población ni para el liderazgo de la MUD, que sigue teniendo una peligrosa dispersión de puntos de vistas y estrategias para hacer frente a lo que nos viene.

Si la MUD no logra capitanear este proceso, se abren puertas para peligrosos outsiders (y eso ya se vivió terriblemente con el caso del papel de Pedro Carmona en abril de 2012) que podrían llevarnos por un sendero diferente, como sociedad, a la necesaria reinstitucionalización y consolidación democrática, que debe ser el objetivo de esta transición.