• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Andrés Cañizález

Tres razones para votar por Capriles

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Las elecciones del 7 de octubre son un hecho inminente. Ese día como bien lo han señalado los dos principales candidatos en pugna, no sólo estamos escogiendo a un nuevo presidente para Venezuela. En esta elección, desde mi punto de vista, estamos decidiendo el país que queremos, se trata de dos proyectos y dos personalidades políticas claramente diferentes.

Yo no he conocido personalmente a Henrique Capriles Radonski y tampoco milito en ningún partido político. Soy, como la mayoría de los venezolanos, un independiente francamente motivado a votar e involucrado en los asuntos públicos. Si me guió por las encuestas tengo el enorme privilegio de poder expresar públicamente mis opiniones políticas, sin temor de perder mi empleo. Además la tribuna pública que me ofrece El Nacional la he llevado durante años con espíritu analítico y compromiso con la democracia y los derechos humanos. Teniendo como telón de fondo todos estos elementos, hoy me animo a manifestar mi adhesión a la candidatura de Capriles Radonski. Tal decisión la he tomado sobre la base de tres razones fundamentalmente.

En primer lugar, considero que es prioritario un cambio de timón en el país. El presidente Hugo Chávez que si bien se destacó en algunas áreas sociales, ha terminado siendo un mal gobernante en asuntos tan prioritarios como los servicios públicos (especialmente la electricidad), la vialidad e infraestructura y la atención hospitalaria. Las fallas en tales sectores no pueden achacarse al pasado. El presidente tiene un ya largo ejercicio de 14 años en el poder, en los que se gozó de los presupuestos más abultados de la historia nacional, con lo cual ha quedado en evidencia su falta de eficacia al frente del Estado. La ineficacia, además, ha estado de la mano de la corrupción. El hoy presidente, como candidato en 1998, precisamente juraba acabar con la corrupción, y lo que ocurrió en realidad fue que la boliburguesía desplazó a los corruptos del pasado. El tema de la corrupción se ve en diferentes niveles, porque incluso los consejos comunales en no pocos casos son símbolo de la corrupción y apropiación indebida de los recursos públicos.

La segunda razón está estrechamente vinculada con la política oficial de desconocer los derechos humanos y la voluntad popular. En 2007 la mayoría de venezolanos votamos en contra de un proyecto de reforma constitucional que por un lado permitiría al presidente Chávez perpetuarse en el poder, se transformaría el Estado y quedarían sin efecto algunos de los derechos esenciales consagrados en la constitución. Desde ese momento el presidente no ha sido transparente con el país, ya que por otras vías y de forma paulatina fue introduciendo una serie de leyes y decretos que sencillamente van en contra vía de la voluntad popular. Al mismo tiempo, en semanas recientes ha dado una clara señal de su divorcio con el tema de los derechos humanos al anunciar su decisión de abandonar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Todo lo anterior me lleva a apostar por el cambio que encarna Henrique Capriles Radonski. El abanderado de la Mesa de la Unidad Democrática ha puesto el énfasis de sus propuestas en la solución de problemas cruciales para los venezolanos, comenzando con la inseguridad; no tiene ideas grandilocuentes como creer que vaya a salvar al mundo, sino que está aterrizado y conectado con los asuntos que más agobian a los venezolanos. Ha dado muestras de que enfrentará a la corrupción de forma categórica, quienes le conocen dan fe de su sencillez y de su decisión de trabajar en equipo, de escuchar al otro. Y tal vez lo más importante, Capriles Radonski en esta campaña ha dejado de ser meramente un aspirante para convertirse en un verdadero líder. Le ha demostrado a la sociedad su tremenda voluntad al encabezar lo que sin duda es una campaña épica, atravesando de punta a punta el país. Capriles, finalmente, nos ha dado una lección: se puede hacer política sin insultar al contrincante, y eso es una excelente señal para fortalecer nuestra democracia.