• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

Al instante

El presidente que hablaba demasiado

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Hace algunos meses el principal empresario privado de Venezuela, Lorenzo Mendoza (Empresas Polar) le pidió al presidente Nicolás Maduro que tomara las acciones necesarias para reactivar la producción nacional y que se dejara del “bla, bla, bla”. No fue una ocurrencia de Mendoza ni una crítica al azar. Durante el pasado mes de mayo, si ir muy lejos, Maduro habló 96 minutos diarios –en promedio– frente a las pantallas de televisión en Venezuela.

Maduro heredó de Hugo Chávez le mecánica de hablar mucho tiempo ante las cámaras. Utiliza tanto las transmisiones obligatorias para todo el sistema de radio y televisión del país (sean públicas o privadas), las llamadas cadenas, junto con alocuciones que sólo son de transmisión obligatoria para el canal estatal, Venezolana de Televisión. Este medio televisivo tiene por eslogan “el canal de todos los venezolanos”, pero en la práctica su pantalla la tiene copada el jefe de Estado.

De acuerdo con las cifras compiladas por @cadenometro (en la red social Twitter), y que también pueden verse en la web de la ONG Monitoreo Ciudadano, el presidente Maduro en mayo tuvo 16 cadenas nacionales de radio y televisión para un total de 20 horas, 6 minutos y 42 segundos. En este tiempo la imagen y voz presidencial es el único mensaje que pueden ver y oír los más pobres en Venezuela, que no tienen acceso a otra cosa que la televisión abierta. Quienes tienen televisión por suscripción (60% de la población) pueden evadirse y acceder a la televisión internacional mientras habla el presidente.

En mayo, las cadenas de Maduro tomaron 38 minutos y 56 segundos diarios, en promedio, de un mensaje que se pretende omnímodo sobre la sociedad venezolana. A esto se le suman las 17 intervenciones que sólo las transmitió VTV, con un promedio cada día de 57 minutos y 21 segundos con las chácharas de Maduro. Cuando se totalizan ambas cifras, en mayo el presidente Maduro habló ante las cámaras de televisión el equivalente a un filme de largometraje, cada día.

De acuerdo con un reciente análisis publicado por el diario El Nacional, Maduro utilizó 78% de sus cadenas este año 2016 para fustigar a la nueva Asamblea Nacional (luego de que la oposición democrática alcanzara el control del parlamento gracias al apoyo popular) y para defender el modelo económico de su gobierno, insistiendo en la tesis de que los empresarios privados son culpables de la crisis aguda que atraviesa Venezuela.

Se ha analizado de forma amplia cómo este tipo de transmisiones cercena la libertad de información. Por ejemplo, en las últimas semanas Maduro ha hecho cadenas justamente cuando hay un debate importante en el Parlamento (y por tanto la televisión no lo puede transmitir o informar en directo) o también el mandatario se presenta en cadena nacional de radio y televisión cuando la opositora Mesa de la Unidad Democrática convoca a una conferencia de prensa. No se trata de coincidencias, este mecanismo sencillamente le resta posibilidad al ciudadano de acceder a la información.

Otra arista de las cadenas de radio y televisión, pero menos abordada, tiene que ver con el costo que éste tipo de transmisiones le representa al Estado venezolano. Un valor publicitario moderado ubica el minuto de transmisión de televisión en Venezuela en 714.436 bolívares (1.300 dólares este 6 de junio, según la tasa flotante permitida por el Estado).

Los 38 minutos y 59 segundos que Maduro estuvo en cadena cada día durante mayo, implican que se invirtieron 800 millones de bolívares (equivalente a 1,4 millones de dólares).

Una cifra para ubicar claramente la magnitud de este gasto propagandístico en la golpeada economía venezolana: justamente al iniciarse junio el presidente Maduro –en cadena nacional de radio y televisión– anunció con bombos y platillos su más importante acción a favor de los pueblos indígenas de Venezuela. El gobierno invertirá 900 millones de bolívares para favorecer a 52.000 familias de las comunidades originarias.

En definitiva, este plan representa 1,6 millones de dólares, es decir, casi lo mismo que Maduro se gastó en un mes con sus cadenas.