• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Andrés Cañizález

La nueva polarización

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Escribo como un ciudadano convencido de la necesidad de cambios democráticos en Venezuela. No creo en soluciones mágicas (hoy vivimos la pesadilla de una solución mágica por la que apostó la mayoría del país en 1998), y la política, en el terreno de la lucha democrática, pasa necesariamente por la construcción de mayorías. Escribo como un ciudadano muy atento a la política sin tener lazos con un partido u organización en específico. Y debo decir que escribo como un ciudadano sumamente preocupado por el devenir de lo que prefiero llamar la alternativa democrática.

La crisis económica, que vivimos agudamente y que según analistas aún se mantendrá con nosotros por un largo tiempo, ha tenido severas implicaciones políticas. El más afectado es el presidente Maduro y su gobierno porque por primera vez se le adjudica responsabilidad directa en el desastre económico que padecemos todos los venezolanos. El discurso manido de la guerra económica no se lo creen ni los chavistas. Hoy el presidente Maduro cuenta con muy bajos niveles de popularidad.

Si viene cayendo la aceptación popular de Maduro y crecen de forma muy importante lo que podríamos denominar el chavismo descontento, qué es lo que está pasando en la acera opositora. Allí viene lo que llamo la nueva polarización. Las contradicciones entre nosotros y aquellos (los buenos y malos, la cuarta y la quinta), a las que tanto apeló en su mejor momento Hugo Chávez, hoy tienen poco sentido para el venezolano común. El descenso del respaldo popular hacia el chavismo ha tenido una lectura errónea en diversos actores políticos de la alternativa democrática, llevando a que la polarización ahora sea entre quienes adversan a Maduro.

Algunas lecturas erróneas del momento actual. Partidos que en el seno de la MUD se aferran a su dirigencia tradicional y amarran unas candidaturas de cara a las elecciones parlamentarias, asumiendo que la debilidad del chavismo les garantiza una victoria así sea con las caras de siempre. Los partidos como AD, Primero Justicia, Copei, UNT, Avanzada Progresista, entre otros, perdieron una oportunidad de oro para darle un mensaje de unidad y cambio al país.

En su momento María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López con “La Salida” y ahora especialmente María Corina con “La Transición”, quieren hacernos rehenes de sus propuestas y quien disienta de ellas entonces está en contra de los cambios democráticos. Una manera maniquea de entender la política.

No hay que ser rehén de la unidad, como dicen ahora muchos, pero debemos tener presente que todas las transformaciones políticas para superar regímenes autoritarios (y eso lo demuestra la experiencia histórica) solo fueron posibles cuando los factores democráticos actuaron de forma cohesionada.

Hoy la Mesa de la Unidad Democrática no recoge, efectivamente, todos los puntos de vista de la sociedad que apuesta por el cambio, ello se debe a su cooptación en aras de los intereses partidistas. Y desde mi punto de vista una transición posible pasa, en primer lugar, por hacerse de los escaños mayoritarios en la Asamblea Nacional y no al contrario como plantea MCM.

Lo prioritario, hoy, desde mi punto de vista como ciudadano, es recomponer una unidad genuina y representativa con capacidad para construir una hoja de ruta para el cambio democrático.

El gobierno sale ganando mientras la dirigencia política opositora (toda ella) esté enfrascada en sus dimes y diretes. Y el resultado podría ser, una Asamblea Nacional nuevamente dominada por el chavismo pese a que este proyecto político y su rostro visible, como lo es Maduro, estén en su peor momento en respaldo popular.

 

@infocracia