• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Un nueva carta a Luis Almagro

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Estimado señor Almagro. Esta es la segunda oportunidad en que recurro a este género epistolar, la carta pública, que usted ha usado para dirigirse a las autoridades de Venezuela, mi país. En las semanas previas a las emblemáticas elecciones del 6 de diciembre le escribí por primera vez. En aquella oportunidad me preocupaba, como a usted, el peligro que corría la democracia –ya golpeada, por cierto– en caso de que no se respetara la voluntad popular.

Las elecciones del 6-D se celebraron en paz, en líneas generales, y la voz popular fue enfática. Esa voluntad popular a la que usted ha hecho referencia en tantas oportunidades se pronunció de forma inequívoca: Venezuela votó a favor del cambio y le dio un amplio espaldarazo a los candidatos a diputados de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). El voto popular le dio un espacio de poder institucional a un sector político distinto al sector que ha gobernado al país por más de década y media.

En cualquier sociedad genuinamente democrática el gobierno derrotado en las urnas habría aceptado la derrota y con gallardía habría abierto un espacio de diálogo institucional. Habría entendido ese gobierno que el voto sencillamente estaba apostando por un equilibrio de poderes.

Señor Almagro, yo personalmente le di el beneficio de la duda al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Pensé que era factible un verdadero viraje en lo que ha sido una suerte de sordera gubernamental. Pensé –tal vez ingenuamente– que el gobierno entendería que esa voluntad popular debía ser respetada: que esa nueva mayoría parlamentaria es producto no solo de la buena oferta electoral de la MUD, sino también que refleja el malestar entre aquellos venezolanos que otrora apoyaban el gobierno y el proyecto político de Hugo Chávez.

Señor Almagro, ha transcurrido el primer trimestre de 2016. Han pasado cuatro meses de las elecciones parlamentarias y tres meses desde que asumieron sus cargos los nuevos diputados. Hoy está seriamente amenazado el respeto a esa voluntad popular. El gobierno del presidente Maduro se ha aliado a otros poderes públicos para entorpecer, boicotear o bloquear, incluso ignorar, a la nueva Asamblea Nacional. Le pongo un par de ejemplos que espero usted entienda lo graves que son.

La Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) aceptó un recurso y literalmente desincorporó a tres diputados de la MUD, representantes del estado Amazonas y además diputados indígenas. La denuncia del partido gobernante, el PSUV, de que allí se cometió un fraude electoral sencillamente no fue registrada ni por el Consejo Nacional Electoral ni por la misión de observación de Unasur. Nadie pareció ver las irregularidades salvo el PSUV y la Sala Electoral. Una vez que se logró sacar de juego a los tres diputados, y con ello hacer perder la mayoría calificada a la MUD, el caso está engavetado y por tanto todo un estado de Venezuela está hoy sin representación parlamentaria.

Los magistrados de la Sala Constitucional del TSJ, algunos de ellos designados de forma exprés (en los días posteriores al 6-D) sin cumplir con los trámites y requisitos de ley, hoy se asumen como un suprapoder. Las leyes e iniciativas que lleva adelante la mayoría parlamentaria, en respuesta a lo que fue su oferta electoral en materia legislativa, reciben de forma categórica e inmediata calificaciones de inconstitucionalidad. Llega a tales niveles este abuso que un diputado del PSUV le ha vociferado a los diputados de la MUD: Aprueben lo que quieran, que eso lo va a declarar inconstitucional el TSJ.

Así estamos, señor Almagro. La voluntad popular sencillamente se irrespeta. El voto popular no parece tener ningún valor para un grupo en el poder cuando ese voto popular le desfavorece. Usted sabe que esa es la base de todo sistema autoritario. Se viven horas difíciles en Venezuela. Muchos organismos internacionales sencillamente se ocupan de los países cuando hay una elección y luego pasan la página. La democracia es mucho más que votar y eso es lo que está en juego en Venezuela.