• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Andrés Cañizález

La brújula de la Felap

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El mes de septiembre se inició con la celebración en Caracas del XI Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas, Felap. Esta entidad, a decir verdad, ha perdido relevancia en América Latina en la medida en que se quedó anclada en las claves de la Guerra Fría, en cuyo contexto nació. La Felap cumplió largamente el papel de defensora de Cuba en innumerables discusiones regionales, al poner la ideología por encima de valores esenciales del periodismo.

Resulta un contrasentido, sin ir muy lejos, hablar de periodismo en Cuba en la medida en que no se puede hacer de forma independiente. Al estar todos los medios de comunicación en manos del Estado allí se hace propaganda o, en el mejor de los casos, periodismo institucional.

Sabemos que el ejercicio de un periodismo genuino requiere de algunas condiciones, tales como independencia de los medios y libertad de expresión. Ninguna de las dos condiciones existen en Cuba, sin embargo, la Felap ha hecho caso omiso, en ninguno de sus congresos o pronunciamientos ha cuestionado la ausencia de libertades fundamentales en la isla. Con esta política quedó atrapada la Felap en el viejo dilema de la izquierda latinoamericana: hacerse cómplice de la dictadura en Cuba para no hacerle el juego al imperialismo norteamericano. Nada de esto tiene sentido en estos tiempos, y en verdad si la Felap quisiera ayudar al pueblo cubano, por ejemplo, abogaría por la plena libertad de información de los ciudadanos.

Esta brújula de la Felap, signada por las claves de otra época, ha llevado a la organización a tomar una decisión en Caracas que refleja su enorme miopía, seguramente alimentada por figuras periodísticas otrora emblemáticas que hoy se prestan para apoyar tales decisiones.

Hace casi una década la Felap ya se hizo presa de una lectura sesgada de la realidad venezolana. En 2003 esta entidad regional decidió excluir al Colegio Nacional de Periodistas, CNP, de su seno porque, presuntamente, el gremio venezolano aupó el golpe de Estado de 2002. Se trata de una aseveración falsa, y, en todo caso, que la Felap habrá tomado siguiendo el consejo de alguno de sus influyentes miembros, puesto que no existe ningún documento judicial o administrativo que demuestre esta acusación.

El congreso realizado en Caracas contó con el fervoroso aplauso y difusión por las redes del Ministerio de Comunicación e Información, Minci, con lo cual se puede presumir algún tipo de apoyo económico del Gobierno de Venezuela. Sin embargo, ese no parece ser el asunto de fondo con este congreso. 
El XI Congreso de la Felap decidió acoger en representación del país, como miembro de la entidad, a la Plataforma de Periodistas de Venezuela, en lugar del CNP que había sido expulsado en 2003. Se trata de una decisión a todas luces politizada y poco conectada con la realidad del periodismo venezolano. Esta plataforma ni siquiera está totalmente constituida, sus voceros no han sido elegidos por nadie, y quienes figuran públicamente en su mayoría se caracterizan por ser funcionarios públicos, en cargos de responsabilidad dentro de medios gubernamentales. Aunque haya sido Eleazar Díaz Rangel una pieza clave en este ingreso, hasta él mismo advierte sobre la necesidad de que la Plataforma sea incluyente y diversa. Eso, desde nuestro punto de vista, está por verse.

La Plataforma no cuenta con un sitio web que permita conocer sus objetivos, sus fines, ni saber quiénes la integran.

Sobre ella se encuentra alguna información en sitios gubernamentales que la describen como una alternativa al CNP.

Tal vez sea coincidencia, pero justamente la realización del primer encuentro de esta plataforma coincidió con la decisión del Tribunal Supremo de Justicia, TSJ, de suspender las elecciones del CNP que estaban pautadas para el 7 de septiembre.

Volviendo a la Felap, sin duda, lo más llamativo es que haya terminado aceptando en su seno a una entidad que tuvo su primer encuentro escasamente una semana antes de su admisión. ¿Qué habrá motivado tal decisión? La brújula de la Felap no parece acondicionada para leer el contexto actual.