• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

Al instante

Vencer la desesperanza

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Una canción que muchas veces da vueltas en mi cabeza, en estos días, la interpreta el argentino Fito Páez y dice: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Algo así hay que decirle hoy a una mayoría de venezolanos en quienes se conjuga el descontento junto con la desesperanza. Habría que decirles: ¿quién dijo que todo está perdido? Todavía nos queda un último chance de cambiar esto y eso sólo será posible con una votación masiva el venidero 6 de diciembre.

Los estudios de opinión en Venezuela, esa fotografía del momento actual, están evidenciando un profundo y acentuado descontento con la gestión del presidente Nicolás Maduro. No es algo que ocurrió ayer. Es una tendencia que viene acentuándose incluso desde que comenzó su mandato. La crisis económica, tan severa que padecemos, no hizo otra cosa que acentuar ese malestar. El venezolano tiene hoy la percepción de que Maduro no está capacitado para solventar la crisis. Y tiene razón. No solo Maduro, quienes nos gobiernan y controlan hoy las instituciones no están capacitados para conducir el país en medio de una situación tan compleja como la que vivimos, ya que se conjugan los resultados de esa política que acabó con la producción nacional junto con una caída pronunciada de los precios del petróleo con lo cual no hay dólares suficientes para paliar la crisis.

Junto al descontento está la desesperanza. Hay una pérdida de esperanza en que el país puede salir adelante, y eso explica que hoy nueve de cada diez estudiantes universitarios piense en irse del país, que dos de cada cuatro venezolanos, sin distinción de condición social, crea que yéndose de Venezuela le puede ir mejor. Esta desesperanza además está inyectada en el discurso oficial: “Hagan lo que hagan no vamos a dejar el poder”, nos dicen. En realidad sí lo van a dejar, no tendrán otra opción. Pero para llegar a esa opción, nuestro poder como venezolanos aparentemente sin poder es sacarlos con una votación masiva y claramente de rechazo.

¿Votando el 6 de diciembre se solucionará todo por arte de magia? Sin duda que no, pero será el primer paso en la dirección correcta. Recuperar una institución tan estratégica como la Asamblea Nacional será un avance muy importante, ya que es desde el Parlamento donde puede hacerse verdadera contraloría sobre el Poder Ejecutivo, evaluar y designar al resto de poderes tales como Tribunal Supremo de Justicia y Consejo Nacional Electoral, entre otros. Una mayoría contundente de diputados de la alternativa democrática, además, puede abrir paso constitucionalmente a la realización de un referéndum revocatorio de la presidencia de Maduro en el año 2016.

Si nos quedamos cruzados de brazos no habrá ningún cambio. La necesidad de cambio que hoy se respira en Venezuela, en todos los sectores sociales (incluso entre los venezolanos más humildes), debe traducirse en acción el 6-D. Acción representada en votar masivamente y en cuidar el voto sin descuido alguno. Quienes están enchufados en el poder también han entendido que el 6-D se juegan el todo por el todo. Y también saben que con la desesperanza ellos logran su objetivo: que nada cambie para seguir aprovechándose de la riqueza nacional.

Todo lo que vivimos hoy constituye un enorme desafío para quienes son los candidatos a diputados por la Mesa de la Unidad Democrática. MUD. No es hora de celebrar el triunfo, por más que las encuestas (todas las encuestas) digan que se ganan las elecciones del 6-D. Es la hora de traducir el estado de ánimo de descontento en esperanza. Es hora de que claramente envíen un mensaje de esperanza, más que propuestas u ofertas. Los candidatos a diputados le deben decir al país que no todo está perdido y que votando en las elecciones parlamentarias comienza el cambio que una gran mayoría de venezolanos anhelamos.