• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Andrés Cañizález

PSUV Televisión

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Las estadísticas electorales del pasado 7 de octubre ponen al descubierto un asunto no menor. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) por sí solo no estuvo en capacidad de brindarle la victoria al presidente Hugo Chávez. Si se contrasta el número de votos de este partido con los obtenidos por el candidato de la unidad opositora, Henrique Capriles Radonski, queda en evidencia que el PSUV quedó por debajo con cerca de 188.000 votos. El respaldo que termina marcando la diferencia a favor de Chávez no proviene de su aparato partidista, sino que lo aporta un nuevo y ahora potenciado “chiripero”, para tomar la imagen que acuñó Rafael Caldera cuando logró su segunda presidencia gracias a un sinfín de pequeñas agrupaciones, muchas de ellas de izquierda.

Decimos que se trata de un potenciado chiripero, porque es de suponer que este conjunto de pequeñas organizaciones, cuyos votos sumados están en alrededor de 1.800.000, están hoy en día en mejores condiciones de negociar con el PSUV que en el contexto previo al 7 de octubre, en el cual prácticamente se diluyeron sus exigencias. En el nuevo chiripero están desde el tradicional Partido Comunista de Venezuela (PCV), que tuvo casi 500.000 votos, hasta el naciente Redes que constituyó hace poco Juan Barreto y que alcanzó casi 200.000 votos, pasando por organizaciones como Tupamaros (170.000 votos) o el UPV que fundó Lina Ron (casi 90.000 votos).

Las mentes analíticas del alto gobierno y del PSUV seguramente estarán construyendo salidas políticas (como la renuncia del candidato a la Gobernación de Trujillo, Hugo Cabezas) con el fin expreso de responder a las demandas específicas que están emanando desde su chiripero de cara a las elecciones de gobernadores del 16 de diciembre, y a la difícil tarea de organizar una alianza pro Chávez de cara a los comicios municipales, ya que serán muchos más cargos en disputa y en esa misma medida crecerán las aspiraciones locales.

La significación y peso específico que tiene la diversidad dentro del chavismo, asunto que el resultado electoral, sin duda, deja sobre el tapete, no sólo fue ignorada por la alta dirigencia del PSUV, que poca o nula atención prestó a los pequeños aliados en la campaña, al menos así se desprende de varios señalamientos públicos de algunos voceros de estos partidos.

En materia mediática se observó igualmente la misma falta de apertura para aquellos dirigentes políticos que sin ser del PSUV estaban trabajando a favor de la reelección de Chávez. Un caso emblemático lo tenemos en el programa Toda Venezuela, que estuvo conducido durante la campaña por el hoy ministro Ernesto Villegas. Un pequeño abreboca: el programa en verdad debería llamarse “Todo PSUV y Gobierno”, puesto que durante todo el mes anterior a las elecciones en este espacio matutino de opinión no hubo ni un invitado, sí, ni uno, que representara a alguna de esas voces alternativas del chavismo.

Un conteo rápido pone en evidencia lo siguiente. En las 24 emisiones entre el 3 de septiembre y el 4 de octubre de 2012 hubo un total de 59 invitados, 41 eran militantes del PSUV o altos funcionarios de Gobierno, y ya sabemos que a veces es difícil distinguir cuándo un dirigente oficial usa la cachucha gubernamental o la partidista. Incluso con Villegas, en ese período, estuvo un representante del movimiento Clase Media en Positivo, pero no hubo voceros del PCV, de Redes, de Tupamaros, de UPV, de PPT o Podemos.

El chiripero chavista tuvo ausencia absoluta en el principal programa de opinión de Venezolana de Televisión (VTV) en el período clave antes de las elecciones presidenciales. Esto sucede justamente en el canal que dice ser el de todos los venezolanos, cuando en verdad hasta invisibiliza a las voces pro Chávez que no militan en el PSUV. Si Chávez y su entorno leen adecuadamente los resultados deberán darle un giro a este “PSUV TV”. Esto sería una tarea para el ministro Villegas, pero no puede dejarse de lado que como periodista fue parte de la operación mediática que no mostró la diversidad que coexiste en el seno del chavismo.