• Caracas (Venezuela)

Andrés Cañizález

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Nicolás Maduro, 24 meses después

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@infocracia

En abril se han cumplido dos años desde asumió su período presidencial Nicolás Maduro. El ejercicio del poder no sólo implica el control del aparato institucional o la legitimidad, sino que también tiene un carácter simbólico. En esta última dimensión ha estado posiblemente el mayor esfuerzo del gobierno de Maduro, no sólo gobernar sino representar públicamente que él, Maduro, está mandando. Se ha afincado Maduro en varias estrategias para apuntalarse.

Profundizar en el uso abusivo de poder con las cadenas nacionales de radio y televisión. Maduro recibió en herencia de Hugo Chávez este mecanismo de usar, sin control alguno, todo el sistema de radio y televisión del país, literalmente a su antojo. En términos numéricos Maduro tiene más tiempo al aire, en promedio, que Chávez. Si bien no hace cadenas tan extensas (salvo excepciones), hace cadenas de radio y televisión con mucho más frecuencia. Las estadísticas sobre este abuso de poder pueden verse en el seguimiento que hace http://www.monitoreociudadano.org y también puede seguirse el tema en las redes sociales por la cuenta en Twitter @cadenometro.

La presidencia de Maduro, en estos dos años, ha hecho un uso más intenso y extendido de las cadenas. Junto a ello ha potenciado las transmisiones de Venezolana de Televisión de la gran mayoría de sus alocuciones. Una parte del ejercicio del poder de Maduro transcurre frente a las cámaras de televisión. Son unas tres horas diarias en promedio.

La mentira como herramienta política. Hace algunos meses atrás la organización Transparencia Venezuela acertadamente definió el modo de operación en políticas públicas. Se maquillan de forma descarada las estadísticas y cifras oficiales. Es tal el nivel de confianza en la maquinaria propagandística, que en algunos casos los propios documentos oficiales, como las presentaciones de memoria y cuenta de los ministerios, informan sobre la realidad mientras que simultáneamente las campañas propagandísticas dicen otra cosa. Así ocurre por ejemplo con la Misión Vivienda Venezuela. Para ver una evaluación de la opacidad en las misiones sociales invitamos a visitar el sitio web http://www.trasnparencia.org.ve y revisar la cuenta en Twitter @nomasguiso.

Las estrategias de usar los medios masivos a total discreción junto a la manipulación de las estadísticas han servido para construir un relato oficial que de forma recurrente responsabiliza a otros por los problemas del país. Problemas que en su gran mayoría son consecuencia directa de la mala gestión de estos años, como ocurre en materia económica sin ir muy lejos.  Chávez también lo hacía, y con éxito, al punto de que la mayoría de venezolanos no responsabilizaba directamente al difunto presidente por los problemas que padecíamos. También es cierto que en los últimos meses la crisis ha avanzado a pasos agigantados, en prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional. Hoy una mayoría responsabiliza a Maduro de los males que afectan a la nación. La campaña propagandística sigue achacándole a otros las responsabilidades de la escasez, alto costo de la vida o incluso inseguridad. Sin embargo, ahora ese discurso choca con una realidad problemática para el común de los ciudadanos, cosa que no ocurría en los tiempos de Chávez. ¿Alguien le sacará provecho políticamente a ese descontento? ¿Quiénes de nuestra clase política le están hablando al venezolano afectado en su vida cotidiana por la crisis?