• Caracas (Venezuela)

Andrés Caldera Pietri

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Al “Retrato crítico” de Rafael Caldera

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Los numerosos escritos y conferencias, con ocasión del centenario del nacimiento de Rafael Caldera están sirviendo para el reencuentro con los principios, valores y prácticas democráticas que hicieron posible los cuarenta años de república civil.

Andrés Cañizález, en este diario, dice hacer un retrato crítico de Rafael Caldera comenzando por advertir que no usará el reiterado argumento “de haber dejado en libertad a Hugo Chávez”, como si se tratara de una crítica consolidada. Quienes insisten en este argumento buscan trasladar a Caldera la responsabilidad de los que sacaron a Hugo Chávez del 4% que tenía en las encuestas en diciembre de 1997, para llevarlo a Miraflores. Es muy distinto haberle dado la libertad que llevarlo a gobernar el país. Por cierto, el 23 de enero de 1998, en la inauguración de Macagua II, Caldera lanzó la idea –que cayó en el vacío– de hacer un debate sobre los 40 años de democracia, anticipando la onda antipolítica que se cernía sobre el proceso electoral.

Veamos sus tres críticas fundamentales:

  1. Lo acusa de ser un líder “mesiánico”. El mesianismo político se utiliza como categoría para describir el fenómeno de líderes que ofrecen a sus pueblos la redención a través de la política. Stalin, Mussolini y Hitler fueron los prototipos. En Venezuela, hemos tenido caudillos y dictadores, pero solo con Chávez vinimos a conocer el mesianismo político. Cañizález desaplica esta categoría para identificar la obra de un líder que luchó por objetivos que son precisamente los contrarios. Caldera construyó un partido popular de inspiración socialcristiana, que llegó pacíficamente y por la vía electoral al poder, 32 años después de su fundación. Eso significó candidaturas, recorridos, una y otra vez, para hacerlo crecer. Por otra parte, fiel al pensamiento socialcristiano, sintió siempre la obligación de señalar rumbos al país y a sus compañeros de militancia política. Su posición frente al Consenso de Washington y a la onda neoliberal de moda por los años noventa lo llevó a convertirse en el campeón antipaquete en el segundo gobierno de CAP. Ello lo catapultó por segunda vez a la Presidencia. ¿Puede considerarse como “mesiánico” el compromiso de toda una vida a la concreción de un Estado de Derecho democrático y pluralista?
  2. Sostiene que Caldera fue un “oportunista” con motivo del discurso del 4 de febrero de 1992, en el que hace una reflexión sobre las causas de la crisis que vivía el país, como lo había hecho tres años antes, en el Senado, con motivo del “Caracazo”. Caldera usó muchas veces la tribuna para orientar con su palabra momentos cruciales en la vida del país, como lo hizo cuando la nacionalización petrolera o el cambio del régimen municipal. La idea central de sus palabras del 4-F, de que la defensa de la libertad exige una lucha incansable por la justicia social, está contenida en sus discursos en la fundación de Copei en 1946 y a la caída de la dictadura en 1958.
  3. Atribuye al segundo gobierno de Caldera “la bandeja servida para el chavismo” omitiendo que ese gobierno estuvo signado por una gigantesca crisis bancaria heredada del gobierno anterior, causada por las políticas macroeconómicas y la falta de supervisión bancaria. Olvida también los bajos precios del petróleo y que, convocando a todo el país a enfrentar juntos la crisis, Caldera logró mantener la paz y el orden social y político. Todo esto gobernando con minoría parlamentaria, a la que prefirió someterse a romper con el orden constitucional y dar un “Calderazo”, como pedía la opinión pública de entonces.

Previamente, había dedicado tres años (1989-1992) a elaborar una reforma general de la Constitución, que probablemente hubiera cambiado la historia si no hubiera sido engavetada en el Congreso.

Decir que Rafael Caldera “ayudó a dinamitar el sistema” no retrata la realidad ni las ejecutorias de un líder cuya coherencia en 63 años de vida pública es inusual en la política.