• Caracas (Venezuela)

Andrés Altamar

Al instante

Juventud sin memoria

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Mucha tinta se ha derramado tratando de relatar infinidad de hechos históricos, de igual manera, mucho tiempo y presupuesto se ha invertido en investigaciones con inusitadas rigurosidades científicas. No obstante, a pesar  de estas importantes mejoras en la calidad productivas de los saberes históricos, de manera paradójica es menor la cantidad de personas interesadas en leer estos tipos de materiales. En el caso específico de los jóvenes parecieran no tener referentes de  su propia historia, “historia de su país”, estamos ante una nueva generación con gustos delgados frente a la academia, producto de una globalización consumista y farandulera.

Para entender esta apatía hacia la historia es necesario matizar en cómo ven esta disciplina las masas. Es pertinente traer a colación que para un gran número de personas la historia no es más que el intento de la memoria por atinar en nombres y fechas, quedando distorsionados los intereses que tiene esta disciplina por comprender los diferentes procesos que han estado adheridos a la humanidad; partiendo de los argumentos expuestos anteriormente queda abierto el cuestionarse: ¿Qué consecuencias tiene para un país que sus habitantes no reconozcan sus orígenes? ¿Estarán sin memoria perpetuamente las generaciones venideras?, preguntas que a ciencia cierta no se pueden abordar con certeza. Por otra parte, se podría inferir someramente que uno de los resultados del desconocimiento frente a los orígenes patrios sería a la larga una identidad nacional gaseosa, y a su vez una población sin argumentos en disputas culturales e incluso territoriales.

Saber quiénes somos y de dónde venimos, marca un referente para de alguna manera determinar hacia dónde nos dirigimos, es valioso reflexionar sobre esa frase generacional: “Quien no conoce su historia está condenada a repetirla”, pensamiento que no es verdad absoluta; recordemos que son muchos los casos de países con arraigados patriotismo que han cometido los mismos e incluso peores errores que los de sus antepasados. Independientemente del resultado de los países que conocen sus orígenes, estamos frente a naciones con referentes; ahora bien, si adentramos en la formación que estuvo inmersa en la actual juventud notaremos que sin justificarles, en parte hay un grado de mediocridad en los pobres modelos pedagógicos, en los que fueron afianzados sus primeros “conocimientos históricos”.

Que no enseñe historia un profesional de la ciencia, es decir, un “historiador”, que se tenga como referente vieja y frágil bibliografía, que los educadores que enseñan historia le den énfasis a las fechas y nombres de los actores, dejando a un lado la importancia de analizar los procesos son alguna de las variables que estuvieron inmersas dentro de el que fue el proceso formativo de esta “juventud sin memoria”.

Qué positivo sería para un país tener entre sus población jóvenes con un sentido de pertenencia y de patriotismo que no caduque con el pitazo final de un partido, lo ideal sería que la reflexión y la crítica constructiva fueran ejercicios del ciudadano del común, pues no se necesita tener un bagaje  intelectual espeso para reflexionar sobre lo que somos y lo que fuimos, no obstante es difícil que nuestros jóvenes tengan un pensamiento crítico si carecen de hábitos de estudio y lecturas, recordemos que los  recientes promedios dejan a los países latinoamericanos en desventaja frente a los países europeos en cuanto al nivel de libros leídos.

Lastimosamente por formación o por idiosincrasia se ha afianzado la idea de que la historia es aburrida y obsoleta, mostrándola a su vez como cuentos de abuelos, desacreditando su carácter científico; otro punto negativo que ha afectado la forma como ve la  juventud esta respetable disciplina es la forma romántica como ha sido contada; es pertinente puntualizar que la historia no debe ser interpretada ni contada con la emisión de juicios de valores, pues son todos estos señalamientos los que permean la fidelidad de la vertiente.

Mucho se especula cuando se habla de historia, muchas son las imprecisiones con las que se adentra en esta disciplina, es necesario que se les enseñe con más cientificidad a las generaciones venideras, es importante tomar conciencia de lo importante que es esta disciplina para la identidad nacional.

Es pertinente señalar que en nuestros días una minoría de jóvenes ha tomado como profesión la de historiador, y en manos de estos jóvenes está el resarcir el daño de la amnesia histórica. Solo el tiempo dirá las dimensiones de su éxito.

Los momentos actuales que vive Venezuela serán referente ineludible de un pueblo que quiso aletargar su historia.

@historiaaltamar