• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

La sensación de Ricardito

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A veces los personajes políticos (dizque) saltan a la palestra pública por algo más que méritos. La experiencia debería decirle a los venezolanos que el que tiene pico de plata posiblemente sirva para cantar (y ni así es seguro) pero no necesariamente sirve para gobernar y a veces ni siquiera para meterse en el juego político.

La política tiene muchas aplicaciones en una nación. Por eso es que hay especialistas en todas sus áreas, y semánticamente estas diferentes disciplinas se convierten en apellidos de la misma palabra: política exterior, política interior, política económica, ¡políticas públicas!

Se trata de directrices, pues, que un grupo con cierta visión, cierta manera de ver las cosas, traza para gobernar un país. De allí las ideologías, las corrientes políticas por las que los electores votan. En resumidas cuentas, la democracia se basa en eso, la mayoría escoge con qué tipo de corriente quiere que se gobierne su país. Y no valen engaños al estilo Fidel.

La política de seguridad ciudadana es una de las más importantes de un gobierno, que es responsable de definir las estrategias para garantizar la vida y los bienes de los ciudadanos. Bueno, eso suponiendo que exista respeto por la vida y la propiedad privada.

Al gobierno maducabellista se le ha ocurrido algo digno de estudio. Una estrategia que evidentemente ataca dos problemas a la vez: las famosas OLP, operaciones para la liberación del pueblo. Un grupo de agentes militares y de policía entran en ciertas localidades y matan al que se atraviese o los mire feo. Hasta donde yo sé, eso suena más a pena de muerte que otra cosa. Como resultado siempre quedan entre 9 y 12 muertos, malandros, suponemos y suponen ellos, porque lo que cuentan los vecinos es que ni preguntan, solo disparan. Y pensar que CAP es mal recordado por eso de dispare primero y pregunte después.

A mí se me ocurre que se trata de un simple enfrentamiento entre bandas más que liberación de nadie. Sobre todo si tomamos en cuenta que los policías se dedican al robo de carros por encargo y hasta matan a los dueños si les caen mal. Entonces, antojada yo, me ha dado por pensar que los agentes van a buscar a sus rivales en el crimen y acaban con ellos. Con todos menos con los que duermen en una cárcel. Supongo que si los matan de una vez contribuyen a descongestionar nuestras prisiones, en las que aparentemente hay más armas, cacerinas, balas, ametralladoras que presos, a pesar de que la ministra asegure que no estaba enterada y el general guardia nacional ni siquiera responda al respecto.

Debo seguir suponiendo que a estas originales políticas de seguridad pública (mate ahora y deje a los agentes robar después) se debe el increíble porcentaje de reducción del hurto de celulares (73%) que el diputado suplente Ricardo Sánchez cita con orgullo. Dice el parlamentario neopolítico que desde la anterior Asamblea se garantizó el combate contra el crimen. Además, afirma sin que le quede nada por dentro que el porcentaje de sensación de inseguridad es superior con mucho a los reales índices de malandrismo que padecemos los venezolanos.

Entonces, en resumidas cuentas, no es que vivimos en un estado de indefensión total; es mentira que tenemos que temerle a los malandros y a los policías, pasando por los militares; eso de que a cualquier muchacho lo secuestran unos cicpc saliendo del cine de un centro comercial para pedirle rescate por la novia es un argumento de una serie de televisión del imperio.

Y si, como dice lapatilla.com, el diputado suplente va trajeado con una camisa con monograma de doble puño adornada con hermosas yuntas de joyería, pues es que él no sufre de ese mal imaginario, él se siente seguro, él confía en las políticas de seguridad del gobierno que le protegerán de cualquier malandro que quiera sacarlo de su carro último modelo y quitarle el reloj y el celular. Yo solo espero que no se encuentre con una policía armada con un bate, porque lo puede atacar la sensación de inseguridad.

 PD: Le doy gracias a Dios que la pobreza no me agarró en estado de ignorancia.