• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

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El oficio de levantar muertos

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I

Y siempre termino escribiendo de lo mismo, de este oficio mío que escogí por casualidad y que ha terminado definiendo buena parte de mi vida. Sé que mi padre al principio se preocupaba porque no me daría para vivir. Y agradezco a Dios que no está vivo para ver que en esta época rojita casi se cumplen sus temores. Pero sé además que se llenaba de orgullo, porque como buen socialdemócrata (de los buenos, que también hay malos) consideraba la prensa un verdadero privilegio de la democracia.

Y como privilegio creo que hay que cuidar este oficio, que tiene ahora en el gobierno muchísimos detractores. Considero que la mejor manera de cuidarlo es ejerciéndolo a plenitud y a pesar de todo. Insisto mucho en la función educativa que tiene esta profesión, y que a veces olvidamos porque estamos inmersos (sobre todo en estos tiempos) en una vorágine de acontecimientos que nos traga sin remedio.

Pero no caigamos en el fondo del abismo al que nos quieren mandar Maduro y su combo. Y por eso, este artículo. Parte de esa misión didáctica que debe cumplir un periodista se desarrolla al investigar y buscar claves en el pasado para ilustrar y explicar el presente. A veces explicamos hechos con hechos. A veces explicamos conductas. A veces el pasado es la evidencia para demostrar el cinismo del presente. Desenterramos muertos para explicar los fantasmas de la actualidad. Y por allí voy.

 

II

San Francisco de Yare, 31 de julio de 1993

 

Compatriota

MONSEÑOR OVIDIO PÉREZ MORALES

ARZOBISPO DE MARACAIBO

PRESIDENTE DE LA CEV

PRESENTE.-

 

El MOVIMIENTO BOLIVARIANO REVOLUCIONARIO 200, se honra en dirigirse a usted muy respetuosamente, con el propósito de agradecer la solidaridad y preocupación que ha tenido para con Venezuela y los profesionales militares y civiles involucrados en el pronunciamiento militar del 4 de febrero y 27 de noviembre del pasado año, al plantear ante el gobierno nacional y la colectividad en general, la imperiosa necesidad de la aprobación de la Ley de Amnistía o sobreseimiento por parte del Congreso Nacional o el Primer Magistrado de la República de Venezuela, respectivamente.

Con la libertad de quienes nos encontramos en cada una de las “Cárceles de la dignidad”, como se ha hecho conocer ante el pueblo venezolano; es una fórmula para buscar la reconciliación, tranquilidad y paz social, y así poder frenar la grave crisis política que hoy atraviesa el país, con el deseo de encaminar hacia la confianza colectiva y la normalidad de Venezuela.

Apreciado compatriota, sentimos y estamos seguros que la acción emprendida por usted y la de otros sectores de la vida nacional, ejercerá la presión necesaria para que mediante los mecanismos legales establecidos, se apruebe la Ley de Amnistía o sobreseimiento que es una aspiración general de todos los venezolanos, en este tiempo que vive la Nación.

Sin otro particular a qué hacer referencia, quedamos de usted agradecidos con el sentimiento de la más alta y distinguida consideración y respeto.

Atentamente,

 

ST/2 Iván A. Freitez R.

MBR-200

Cap. Carlos Luis Duarte Mariño

MBR-200

Cap. Ronald José Blanco La Cruz

MBR-200

Mayor Carlos Díaz Reyes

MBR-200

Mayor Pedro Alastre López

MBR-200

Mayor Carlos Luis Torres Numberg

MBR-200

Hugo Chávez Frías

COMANDANTE

MBR-200

(Sic)

 

III

Durante el año siguiente a las dos intentonas golpistas que encabezó el finado (nótese que en el segmento anterior solo se identifica como comandante y no como teniente o lo que haya sido) se generó un debate en varios sectores de la sociedad sobre una posible amnistía, un perdón para los involucrados.

Y eso que culpables eran, y eso que hicieron correr la sangre. Los que allí firman y los que no aparecen. Pero ellos se encargaban de pedir el perdón para todos sus compañeros.

A mí nadie me lo contó porque como reportera lo viví. Recorrí las calles en ambas jornadas de intentona. Vi gente muerta en la sede del canal 8 y casi quedo en el piso de una de las calles de La Carlota cerca de La Casona.

Estos eran realmente culpables (no como los de ahora), pero eso no impidió que en el Congreso se propusiera y debatiera la Ley Especial de Amnistía. El ministro de la Defensa de entonces, general Rafael Montero Revette, muchas veces expresó su opinión contraria a un perdón general para los golpistas, para los que empuñaron sus armas de reglamento en contra de sus compatriotas. Insistió en que con esa amnistía se legitimaría el golpe de Estado contra un presidente constitucional. Pero ello no evitó que la propuesta de ley siguiera su curso.

El presidente de la Comisión de Política Interior de la Cámara de Diputados, Enrique Ochoa Antich, aseguraba entonces que esa ley era “una atribución a través de la cual la nación, representada en el Congreso Nacional, expresa una opinión definitiva al considerar legítimo el perdón de los delitos políticos cometidos durante las intentonas golpistas...” (El Nacional, 22 de marzo de 1994). Se hablaba de delitos políticos, se olvidaron de los otros, de las faltas penales, del homicidio. Esa omisión la estamos pagando muy caro.

Al final, el decreto de indulto estuvo listo, firmado por otro presidente constitucional, y el finado salió de Yare el 26 de marzo de 1994. Hubo fiesta, marcha y discurso. Y el golpista (asesino) hizo vida política en libertad.

La intervención de la Iglesia, el debate en el Congreso y la decisión del presidente constitucional cambiaron la historia. Instituciones que funcionaron con independencia, en democracia, esa misma contra la que atentaron los perdonados.

 

IV

El finado recurrió a la Iglesia muchas veces. Y muchas otras veces renegó de ella. No fue suficiente el perdón que recibió para aprender a perdonar. Tampoco sus sucesores aprendieron. La mezquindad y el rencor se regodean en los predios de Miraflores desde hace 17 años.

Mientras tanto, Maduro hace celebraciones ecuménicas para conmemorar el 11 de abril, y yo sigo pidiendo un 19, un yo no quiero mando.