• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

La mudanza de Claudio

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Para Pedro León y Mara 

Primero que nada, debo decir que estoy de luto. El país se va a quedar sin uno de sus más guapos, viriles y bien dotados ejemplares. No, Maduro no se va. Señores, Claudio Nazoa se está mudando para Panamá.

Les cuento. Claudio pasó a recogerme en estos días a las 4:00 de la mañana en su despampanante Jaguar para ir a hacer la cola en un conocido supermercado porque había llegado el papel tualé y el detergente. Vivimos en una zona de oligarcas (maduchavistas), aunque Claudio se las dé de socialista. Pero solamente recuerden que él es espía de la CIA. Lo que sí no saben es que yo soy ficha del MI6, ya sabrán que deliro por el imperio, pero el británico.

Bueno, sabido esto, le ruego a Claudio que me deje manejar el Jaguar, porque nunca he manejado uno y de verdad él siempre dice que es como hacer el amor con alguien muy guapo. Le ofrecí de todo, hasta que me dejó. 

Enfilamos hacia la autopista en busca del papel tualé perdido y, como iba de copiloto, Claudio comenzó a admirar el paisaje, cosa que nunca hace porque él es demasiado caballeroso para dejar que la mujer conduzca. De pronto, conforme avanzábamos, comenzó a ver las vallas que anunciaban condominios en Miami, apartamentos de lujo en Aruba, casas en Panamá, y se quedó loco. No me habló hasta que llegamos a la cola.

Definitivamente, manejar un Jaguar es lo máximo, pero nada me quita del corazón la pesadumbre de recordar lo que sigue.

La cola daba la vuelta a varias esquinas, pero cuando estoy con Claudio, no importa que sean las 5:00 de la mañana en la ciudad más peligrosa de Latinoamérica, porque él es campeón de aikido, cinta negra en karate y anda armado con una 9 milímetros cañón corto.

—Cómo será vivir en Panamá –me dijo entornando sus hermosísimos ojos negros.

—Me imagino que aburrido, mi amor, ¿por qué?

—Porque ya estoy un poco cansado de ir a cobrar el sueldo de la CIA a Miami y venir a revender los dólares. Es tan inseguro todo. Además, a pesar de los millones, no los puedo disfrutar, tuve que mandar a blindar el Jaguar y no me siento cómodo haciendo colas. Soy un hombre muy pacífico.

—Ay, mi vida preciosa, pero deja de pensar en cosas negativas que ya viene el aumento de sueldo de la CIA y con eso se te pasa.

Hace una semana, me llamó por Skype desde Panamá para decirme que me traía una caja de desodorante en aerosol, pero que no conseguía por allá harina de maíz. Y me soltó esta perla:

—Mi despampanante Ana, me compré un apartamento con vista al canal y me mudo. Es más, me ofrecieron un show de televisión y una página diaria en un periódico. Me cambian el Jaguar por un Lamborghini y no lo tengo que blindar.

Casi me muero, se me bajó la tensión. Cómo se atreve Claudio a dejarme aquí botada en este mar de lágrimas. Tanto que le he demostrado mi amor y mi devoción, de todos sus chistes me río.

El único consuelo que me queda es que me va a dejar el Jaguar, y que al fin la CIA le dio permiso para decirme el secreto para estar a salvo en esta ciudad: hay que hacerse pasar por robolucionario. Es decir, tener un gran carro, vestirse de marca de pie a cabeza, derrochar dinero y comprar condos en Miami. Lo de hacer cola es que trabajamos de infiltrados, pero yo cobro en libras.