• Caracas (Venezuela)

Ana María Matute

Al instante

El lobo o la guerra

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¿Te acuerdas de aquella vez que el difunto dijo: “Después de mí, el caos”? Yo sí, me acuerdo mucho. Y me acuerdo de que mi querido Simón Alberto Consalvi me dijo: “Usted va a ver, los que se quedan son infinitamente peores que el mismísimo Chávez”. Me lo dijo el mismo día de su muerte, el 11 de marzo de 2013, en su oficina. Con la clarividencia que tienen los sabios, Consalvi no se equivocó. Es fácil entender que aún lloro su desaparición, mas no la del galáctico, aunque tampoco erró en su predicción, pero no por sabio, sino por malvado.

También es fácil entender por qué te escribo esto. Tú y yo estamos inmersos en esta catástrofe cotidiana que nos pesa como una cruz. Es tan grave que a veces no veo salida, por más que me mencionen a cada rato ese eufemismo de “hoja de ruta”. No veo el camino.

Lo que sí pareciera que está allí disfrazado es un rumor, una sensación, dirían los maduchavistas (no los llamo maducabellistas porque para mí ese señor es un cero a la izquierda y porque no quiero que olvidemos que el chavismo es el origen de este abismo), de que pronto va a haber un estallido social, que se acerca, que está latente, como el lobo del cuento.

Y, tú dirás que haciendo gala de mi escepticismo, no sé si esa idea me convence. Creo que es muy efectiva la estrategia de los maduchavistas de mantener a la gente ocupada haciendo cola. Ahora la harán para carnetizarse. Entre tú y yo, eso de que el chip va a servir para “trabajar”, es pura mentira. Eso es para controlarnos a todos, los que busquen la tarjetica y los que no, para saber a quién le dan lo poco que pueden repartir.

Yo no se tú, pero estoy harta de que me digan que la cosa es producto de la guerra económica del imperio contra Venezuela. La guerra real es la que tienen ellos en contra de la gente decente y trabajadora. No importa que seamos la mayoría, porque a ellos lo que les interesa es aniquilarnos, no dejarnos pensar, distraernos mientras ellos siguen raspando la olla.

Después de ver los resultados de las marchas y concentraciones del sábado, lo único que me queda claro es que las mujeres seguimos mandando. Me conoces, sabes que no me pongo a apoyar a nadie ciegamente. Todo lo contrario, recuerda el cuento ese que te eché de cuando los adecos pensaban que era comunista y los comunistas pensaban que era copeyana y los copeyanos que era adeca. Pero la única que en realidad interpretó bien lo que necesitamos hacer es María Corina: las renuncias no siempre son voluntarias. “Se le pidió la renuncia, la cual aceptó”, ¿te acuerdas? Bueno, eso suele pasar cuando uno tiene un empleado que no hace bien su trabajo, se le pide la renuncia. Y en eso hay que insistir.

Las circunstancias de un mal trabajo hablan por sí solas: sin agua, sin electricidad, sin comida, sin seguridad, sin educación, sin paz...

Otra cosa es quién le va a pedir la renuncia a Maduro. Es allí donde quiero ver a la oposición trabajar. Porque desde la calle se la pedimos todos los días, pero ¿quién dijo que a él o a algún maduchavista le importamos?

No viene el lobo, ya el lobo llegó, ojalá la oposición se dé cuenta. Y ojalá tú estés al tanto de que la guerra de Estados Unidos es contra unos cuantos ladrones (llamarlos corruptos es muy bonito) y que la guerra real es la que declararon desde el gobierno contra ti y contra mí.